Hay salesianos que pasan… y hay otros que se quedan en la memoria de todo un país. Así fue el sacerdote salesiano Hugo Santucci, un misionero cuya vida quedó profundamente unida a Guatemala y a la juventud centroamericana. Su nombre no solo aparece en documentos, sino también en obras concretas, en iniciativas juveniles y hasta en espacios que hoy siguen llevando su nombre.
Su misión estuvo marcada por la educación y el acompañamiento de los jóvenes, especialmente en el Colegio Salesiano Don Bosco de Guatemala, donde impulsó iniciativas que trascendieron generaciones. Una de ellas fue el nacimiento del Movimiento Juventud, una propuesta que comenzó como una actividad cultural y deportiva y que con el tiempo se convirtió en uno de los encuentros juveniles más grandes de la región.
Pero su impacto no se limitó a una sola obra. Durante años, el P. Santucci trabajó activamente en la formación de jóvenes, en la promoción de líderes y en el fortalecimiento del espíritu salesiano en la región. Su cercanía con los laicos y su impulso a iniciativas educativas marcaron profundamente la vida de muchas comunidades.

Su entrega fue tan significativa que el Estado de Guatemala lo reconoció con una de sus más altas distinciones: la Orden del Quetzal en grado de Gran Cruz, otorgada por su servicio a la juventud y a la educación del país.
Además, su liderazgo dentro de la Congregación lo llevó a desempeñar responsabilidades mayores, entre ellas su servicio como Inspector de la Inspectoría Divino Salvador (CAM), en un período en el que la obra salesiana ya estaba consolidada, pero seguía necesitando impulso pastoral y educativo.
Más que un administrador, el P. Santucci fue un formador de generaciones. Su legado no está solo en estructuras o cargos, sino en la vida de miles de jóvenes que encontraron en la obra salesiana un espacio para crecer, soñar y construir su futuro.
Hoy, su nombre sigue presente —en obras, en recuerdos, en iniciativas que continúan— como un testimonio claro de lo que significa ser salesiano: estar del lado de los jóvenes, siempre, y sin medida.
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