Prepararnos para la Cuaresma al estilo de Don Bosco

La Cuaresma está a la vuelta de la esquina… y antes de entrar en esos cuarenta días de conversión, silencio y profundidad, vale la pena preguntarnos: ¿cómo preparar el corazón? San Juan Bosco, padre y maestro de los jóvenes, nos ofrece pistas sencillas, concretas y llenas de esperanza para vivir este tiempo no como una carga, sino como una oportunidad alegre de encuentro con Dios.

Don Bosco tenía una convicción clara: la santidad es posible para todos y no está reñida con la alegría. Repetía con frecuencia que el cristiano debe estar siempre alegre, pero con una alegría verdadera, la que nace de la amistad con Dios y de una conciencia en paz. Por eso, el primer paso para prepararnos para la Cuaresma es revisar el corazón: ¿cómo está mi relación con el Señor? ¿Vivo mi fe con entusiasmo o con rutina? La conversión comienza desde dentro.

Un segundo consejo fundamental es la confesión frecuente. Don Bosco insistía en que el sacramento de la Reconciliación es un medio privilegiado para crecer espiritualmente. No lo veía como un momento de miedo, sino como un encuentro de misericordia que fortalece y anima. Prepararnos para la Cuaresma puede significar hacer un examen sincero de nuestra vida y acercarnos al confesionario con confianza, sabiendo que Dios siempre espera con los brazos abiertos.

La Eucaristía ocupa también un lugar central en la espiritualidad salesiana. Para Don Bosco, la comunión frecuente era fuente de energía espiritual y motor para hacer el bien. No se trataba solo de «cumplir», sino de encontrarse con Jesús vivo. En este preámbulo cuaresmal, podemos proponernos participar en la Santa Misa con mayor atención, preparar mejor cada celebración y agradecer conscientemente ese encuentro.

Otro elemento característico en su enseñanza es la importancia de las pequeñas resoluciones concretas. Don Bosco no pedía sacrificios extraordinarios, sino decisiones reales y alcanzables: mejorar el carácter, ser más pacientes en casa, cumplir con responsabilidad nuestras obligaciones, dedicar un momento diario a la oración. Este enfoque práctico está en la base del Sistema Preventivo, sustentado en la razón, la religión y el amor. La Cuaresma, entonces, se prepara con pequeños pasos constantes.

Finalmente, Don Bosco nos recuerda que el camino de fe se vive en comunidad. La parroquia, la familia y los grupos pastorales son espacios donde el compromiso se fortalece. Nadie camina solo hacia la Pascua. Prepararnos juntos, animarnos mutuamente y compartir la fe hace que el camino sea más llevadero y fecundo.

Como feligresía, estamos llamados a entrar en la Cuaresma con un corazón dispuesto y esperanzado. Siguiendo el espíritu de san Juan Bosco, podemos asumir este tiempo no como una obligación pesada, sino como una oportunidad luminosa para crecer en amistad con Dios. Antes del desierto, el corazón. Y si el corazón está listo, todo el camino se transforma.


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