Año 1876
Sueño 102
Este sueño como el anterior lo tuvo Don Bosco estando en Roma en 1876.
Soñé que estaba en mi pueblo Castelnuovo y en mi vereda I’Becchi y que llegaba el Sumo Pontífice Pío Nono. No podía creer que fuera él pero al fin me animé a preguntarle:
– ¿Cómo así, Santo Padre, no ha traído la carroza?
– Mi carroza es la fidelidad, la fortaleza, la amabilidad
Él estaba muy cansado y rendido y me dijo:
– Yo ya he llegado al fin.
Yo le dije emocionado:
– No, no, Santo Padre. Hasta que no se logren arreglar los asuntos de nuestra Congregación no se puede morir.
Entonces apareció la carroza del Sumo Pontífice y en vez de caballos había tres animales llevándola: una cabra, un perro y una oveja. Pero al llegar a cierto sitio del camino los animales ya no fueron capaces de hacerla mover y el Papa se encontraba cada vez más agotado.
Yo estaba apenado de no haberlo invitado a mi casa a tomar una merienda, pero me decía: «Cuando lleguemos donde el Señor Cura Párroco le ofreceremos alguna atención».
Como la carroza estaba atascada entre el barro y no se podía mover, yo le puse el hombre al eje de atrás y la levanté. El Santo Padre me empezó a decir:
– Si estuviera en Roma y lo vieran haciendo esos oficios se burlarían.
Y mientras estaba tratando de sacar la carroza de allí me desperté.

Nota
La primera parte de lo que Don Bosco vio en este sueño se hizo realidad cuando en 1988, al cumplirse el primer centenario de la muerte del Santo, el pueblo y la casita de Don Bosco tuvieron el inmenso honor de recibir la visita del Sumo Pontífice Juan Pablo II, gran amigo y admirador de nuestro Padre.
La imagen de este santo levantando la carroza atascada entre el barro, es muy diciente. Él con sus comunidades y su santidad dio un gran impulso a las obras de evangelización y educación en muchísimas partes del mundo.
Pío Nono murió dos años después de la fecha de este sueño.
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