Súplicas a María Auxiliadora

Dame tus ojos, Madre, para saber mirar; si miro con tus ojos, jamás podré pecar. Dame tus labios, Madre, para poder rezar; si rezo con tus labios, Jesús me escuchará.

Dame tu lengua, Madre, para ir a comulgar; es tu lengua patena de gracia y santidad. Dame tus manos, Madre, que quiero trabajar; entonces mi trabajo valdrá una eternidad.

Dame tu manto, Madre, que cubra mi maldad; cubierto con tu manto, al cielo he de llegar. Dame tu cielo, ¡oh Madre!, para poder gozar; si tú me das el cielo, ¿qué más puedo anhelar?

Dame a Jesús, ¡oh, Madre!, para poder amar; ésta será mi dicha por una eternidad. Amén.


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