Desde hacía varias semanas, Domingo sentía una gran alegría en su corazón por la noticia de que podría hacer la Primera Comunión, a pesar de ser más pequeño de lo que normalmente se acostumbraba.
Una conversación con su mamá
Durante la noche del sábado, 7 de abril de 1849, Domingo se acercó a su mamá y le dijo: «Mamá, mañana voy a hacer mi Primera Comunión; perdóneme usted todos los disgustos que le he dado en lo pasado yo le prometo portarme muy bien de hoy en adelante, ser aplicado en la escuela, obediente, dócil y respetuoso a todo lo que usted me mande». Y dicho esto, se puso a llorar.

Una respuesta llena de cariño
La madre, que de él había recibido sólo consuelos, se sintió enternecida y, conteniendo a duras penas las lágrimas, le consoló diciéndole: «Vete tranquilo, querido Domingo, pues todo está perdonado; pide a Dios que te conserve siempre bueno y ruega también por mí y por tu padre».
Descubre más desde Parroquia El Espíritu Santo
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
