En la noche del viernes 1 de abril de 1842, Brígida Gaiato comenzó el trabajo de parto en su hogar. A su lado estuvo siempre su esposo, Carlos Savio, quien la acompañó durante toda la noche y la madrugada, sosteniendo su mano y colocando paños de agua templada sobre su frente para aliviar los momentos más difíciles.
Las horas transcurrían entre dolores intensos y momentos de descanso. No era el primer hijo que esperaban. Tiempo atrás, Brígida había dado a luz a un niño que, tristemente, falleció apenas quince días después de nacer. Por eso, aquellas horas estaban llenas de sentimientos encontrados: la alegría de una nueva vida y, al mismo tiempo, la preocupación que todavía habitaba en el corazón de la familia.

El nacimiento de Domingo
Finalmente, a las 9:00 de la mañana del sábado 2 de abril, en el pequeño pueblo de San Giovanni da Riva, cerca de Chieri, a pocos kilómetros de Turín, se escuchó el llanto de un recién nacido. Así llegaba al mundo Domingo Savio.
Una familia marcada por pruebas y esperanza
Domingo sería el hermano mayor en la familia Savio. Con el paso del tiempo nacerían otros hijos, aunque no todos lograrían sobrevivir. De hecho, el tercer hijo del matrimonio murió al nacer y, en total, la familia enfrentó la dolorosa pérdida de cinco hijos.
En medio de esas pruebas, la llegada de Domingo fue un motivo de esperanza y alegría para su hogar.
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