El poder intercesor de María Auxiliadora

Los santos siempre han creído en el poder singular de intercesión de la Virgen. Ella aparece como la mujer que sale al encuentro de las necesidades; que, con una mirada intuitiva y perceptiva, reconoce incluso aquellas intenciones recónditas no confesadas.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, María Auxiliadora

MARÍA EN NUESTRA VIDA.

María sabe leer el corazón y por eso se anticipa a los hechos, mira la realidad de una forma global conjuntiva y por eso, se ubica dentro de la relación con el grupo, con la comunidad, con esa familia humana ampliada que hace una fiesta y que concurre en un único lugar que es Caná de Galilea, no solamente como una invitada que participa sino como quien dona en realidad parte de la vida, que es lo que significa etimológicamente participar.

María participa entonces como la invitada en nuestra vida, es imposible que ella no se dé cuenta de lo que nosotros necesitamos; es imposible que ella tome nuestras realidades con indiferencia, con distancia. María, porque es Madre, sale así de sí misma con una actitud verdaderamente maternal y auxiliante.

MARÍA PRESENTE EN LA BIBLIA.

Si nos vamos al texto de San Juan capítulo 2, donde aparece el primer signo de Jesús, María es la que se presenta ante el Hijo diciéndole: “Los novios no tienen vino”. Lo lógico es, al no haber vino, la fiesta disminuye en su alegría y en su fuerza vital. La fiesta se malograría; se aguaría la fiesta si falta el vino. Pero María va donde Jesús y no suplica, no ruega, no se inclina ante Él para pedirle por piedad el vino para los novios. ¡No!, simplemente le dice: “no tienen vino”, ella sabe que su Hijo hará lo que tiene que hacer.

Y tan poderosa ella en la influencia con su Hijo, en esa fuerza de comunicar el corazón con el corazón, que Jesús cambia la hora divina, la hora teológica de la redención, la anticipa; simplemente cambia la agenda de Dios para empezar así con esta obra magnífica de este signo en Caná de Galilea, toda su misión, su apostolado y su servicio a la humanidad.

Entendemos entonces que muy fuerte debió ser el vínculo entre la Madre y el Hijo, y si lo fue en la tierra, de una manera mucho más perfecta y sin ningún tipo de variables o elementos que incidiesen en esta forma compenetrada de interrelación Madre-Hijo, que cuando nosotros hablamos con la Madre, la Madre presenta nuestras súplicas ante su Hijo, y el Hijo escucha nuestras voces en los labios de la Madre y entonces abre portentosamente las puertas de la gracia que hace llover sobre nosotros lo que confiadamente le pedimos.

LA CONFIANZA DE LOS SANTOS EN MARÍA.

Don Bosco leyó de San Alfonso María de Ligorio, San Luis María Grignon de Montfort, San Bernardo, San Máximo de Turín. Don Bosco, que conocía perfectamente la teología tomista y que fue un heredero verdaderamente culto y erudito de la tradición de los Padres de la Iglesia, sabía que siempre la Virgen fue reconocida como la intercesora, aquella maternal interventora que oportunamente puede hacer que la realidad del proyecto de Dios se vaya concretizando en la historia en la medida en que nosotros la invocamos y recurrimos a ella.

Aquella hermosa oración, aquella joya de jaculatoria: “Rogad por nosotros que recurrimos a ti” es la misma plegaria que nosotros hacemos constantemente cuando decimos: “María, Auxiliadora de los cristianos, ruega por nosotros”. La intercesión de la Virgen y la intervención de ella en nuestra vida es realmente necesaria.

Tanto quiso Dios una madre, tanto idealizó a la mujer que por eso preparó a la mujer que fuese su Madre y tanto nos amó que comparte con nosotros su maternidad, su cuidado y su auxilio.

Muchas veces en nuestra vida se nos termina el vino del gozo, de la salud, de la armonía de la buena economía, en fin, pero estamos plenamente seguros de que a la Virgen María no se le ha olvidado acercarse a Jesús para decirle: “Hijo, no tienen vino”. Esto no es utopía ni un cuento de hadas, es la experiencia de millones de devotos de la Virgen María que dan testimonio de que lo que sucedió en Caná de Galilea se ha repetido en sus vidas y se sigue repitiendo porque ella es nuestra Auxiliadora.

Texto: Monseñor Walter Guillén, SDB, Obispo de la Diócesis de Gracias, en Honduras / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo


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