Jesús, el hijo de María y José

Jesús es el hijo de María y de José. María lo tiene en sus brazos. Cuando los pastores visitan a María, a José y al Niño en el portal de Belén y cuando llegan también los Reyes Magos venidos de Oriente, encuentran el Niño arrullado en los regazos de la Madre. Es imposible separar el Niño de la Madre porque es también imposible comprender a Jesús sin su humanidad. Y la humanidad de Jesús, esa parte humana, real y verdadera que junto con su divinidad constituyen la persona del Hijo de Dios, que para nosotros es Salvador, es Mesías, es Redentor, esto no se puede comprender sin el ejercicio de la maternidad de María.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, María Auxiliadora

Pero además de María tenemos que ubicar dentro de esa realidad familiar la figura hermosa de José. Él es el complemento perfecto para constituir una familia real y verdadera. De manera que en la vida social, como en el censo, así quedo escrito también; en el censo Jesús es el hijo de José y de María.

Y tal debía ser para nosotros el Redentor, uno como nosotros, que dejó la grandeza del cielo para encarnarse en la realidad humana, temporal, horizontal de todos nosotros.

La Virgen realiza un papel educativo fundamental en el Hijo, pero el padre, San José, es esta fuerza que anima y vigoriza todas las actitudes humanas y sociales propias de un Niño que irá creciendo maravillosamente en gracia, en sabiduría y también en edad delante de Dios y delante de los hombres. Por lo tanto en la figura de María Auxiliadora el Niño ocupa un lugar central, que es como el sol que alumbra todo el cuadro y toda la escenografía maravillosa del original cuadro pintado por Lorenzone.

José no aparece porque tampoco aparece José en la vida pública de Jesús, sin embargo, cuando hablaron de Jesús siempre decían: “es el hijo de José; es el Nazareno; es carpintero; es carpintero como su padre”.

La presencia del Niño en el cuadro podría estar y no estar. Y sin embargo en la visión de la Virgen que tuvo Don Bosco, el que inspiro este cuadro prodigioso, el Niño está, porque no se puede comprender la misión de la Madre sin la dignidad divina y sin la realidad de la dimensión humana y salvífica del Hijo.

El Hijo es la gloria de la Madre; la Madre está en la historia de la salvación configurada desde un principio desde el Génesis, desde el origen de la humanidad como la mujer que dará a luz al Salvador y el Salvador está en sus brazos. De manera que en algún momento podríamos decir poéticamente: <<cuando no hay un Sagrario que adorar y no está Jesús Sacramentado en ese sagrario podemos adorar a Jesús en los brazos de su Madre, porque Jesús, hijo de María, hijo de José, es verdadero Dios y es verdadero hombre.

Texto: Monseñor Walter Guillén, SDB, Obispo de la Diócesis de Gracias, en Honduras / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo


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