El manto de María Auxiliadora

El manto de la Virgen ha sido siempre considerado un signo especial de protección y de seguro auxilio. El manto además de una indumentaria representa de alguna forma como ese cielo materno en el cual la madre en su interioridad y en su intimidad da vida, cobijo y nutre la existencia de su Hijo. Por eso el manto te arropa, el manto te cubre, el manto te defiende, es siempre el signo de una cercanía permanente.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, María Auxiliadora

En la historia de la iconografía mariana aparece allá en los tiempos muy remotos el tiempo de los bizantinos, la imagen de la Virgen Santísima, que está con el Niño, jugando con el Niño, pero el Niño de pronto se asusta, suelta una sandalia, su mano se aferra a la mano de la madre y ella con su manto cubre al Niño. Una representación muy simbólica parecida al de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, pero que es conocida en tiempos antiguos como la Eleúsa, aquella madre tierna, la madre de la ternura que con su actitud protectora defiende y cuida a su hijo.

En 1251 en Cambridge la Virgen se aparece a San Simón Stock, fundador de la orden carmelita, y le entrega un manto y este manto será la prenda segura de una constante protección y de un cuidadoso y continuo amoroso y permanente auxilio para todos los fieles.

Así entendemos como este camino del cristiano se hace arropados bajo el manto de la Virgen Santísima.

Una antigua tradición refiere que la reliquia del manto de la Virgen, aquel manto que ella llevaba, fue conducida de Jerusalén a Constantinopla, hoy Turquía en Estambul, a mediados del siglo V por dos hermanos de nombre Galbios y Cándido quienes peregrinando por Tierra Santa encontraron el manto en Galilea, en casa de una judía de nombre Ana, quien les informó que la Virgen misma, antes de su dormición, se lo confió a una de sus dos siervas judías y que desde entonces había sido conservado de generación en generación por una mujer virgen judía.

Astutamente los hermanos sustituyeron la urna que contenía el manto por una vacía y se lo llevaron a Constantinopla donde se depositó en la iglesia de Nuestra Señora de la Blachernes que hizo edificar el emperador León III en el año 473.

La Iglesia Ortodoxa oriental de Constantinopla celebra el 2 de julio de cada año la colocación del manto de la Santísima Madre de Dios en la Iglesia de Blachernes y durante la ceremonia se dice esta jaculatoria tan bonita: “Oh Dios nos has dado una Madre; oh Dios misericordioso nos has dado la protección de tu Madre”.

Y es que el sagrado manto de la Virgen María elaborado en fina y delicada lana sin costuras, de una sola pieza, se conserva dentro de un relicario en forma de estuche conocido como el Hagia Sorios elaborado en oro y plata y cubierto de piedras preciosas.

Para Don Bosco la imagen de María Auxiliadora está asociada también a ese real y único manto de la Virgen; representa cuidado, es signo de protección ante el calor, es también refugio ante el frío, es un atuendo que protege y sirve de cobija en la noche y de tienda personal en el bochorno del verano. Es una prenda de diario, una prenda indispensable en el atuendo de una mujer que sale a la calle y que va de camino.

Cuando le decimos a la Virgen que nos proteja, que nos auxilie, que nos defienda, que nos cubra con su manto, estamos pidiendo algo muy normal como un hijo pequeño, como el mismo Jesús, se lo habría pedido.

Por eso con fe y confianza le pedimos a la Virgen que nos cubra con la sombra benéfica y santa de su materno manto y le decimos como Don Bosco: “en nuestras luchas en nuestras angustias en nuestras penas ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra agonía. Amén”.

Texto: Monseñor Walter Guillén, SDB, Obispo de la Diócesis de Gracias, en Honduras / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo


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