Día 01: mirar y dirigir los ojos hacia Dios

María dirige constantemente sus ojos al cielo.

Desde el momento de la anunciación cree más allá de lo humanamente posible y nos enseña a confiar en lo que Dios promete.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Actividades, María Auxiliadora

Referencia bíblica. Anunciación LC 1, 26-38

El ángel Gabriel llega y María mira hacia lo alto: “¿Cómo sucederá esto, porque no conozco a ningún hombre? Le respondió el Ángel: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y te cubrirá con su sombra. Por ello quien nacerá será santo y será llamado Hijo de Dios. Entonces María dijo: “He aquí la sierva del Señor, hágase en mi según tu palabra”.

Actualización.

A veces sucede que uno vive en condiciones en las cuales parece imposibil dirigir la mirada hacia lo alto. Obligados por una situación de enfermedad tendemos a mirar solamente hacia abajo, no más allá de nuestros pies, de nuestros límites. Pero Jesucristo ha venido entre nosotros para transformarnos, del “estar curvados al terreno” para poder enfrentar la vida de resucitados. Capaces de mirar hacia arriba, a Él, con una nueva mirada, “deseando a las cosas que no se ven; porque las cosas que se ven duran un tiempo, las que no se ven son eternas. (2 Cor 4:16-18).

Una narración sobre la vida de Don Bosco.

El 14 de mayo de 1887 fue consagrada la basílica del Sagrado Corazón en Roma. El día siguiente Don Bosco quiso celebrar la Misa en el altar de María Auxiliadora. Apenas comenzaba cuando Don Viglietti, que lo asistía, lo vio estallar en llanto. Un llanto largo e imparable. “Don Bosco, ¿qué le sucede?, ¿se siente mal?” Don Bosco negó con la cabeza: “Tenía ante mis ojos, vivo, la escena de mi primer sueño, a los nueve años”. En ese sueño lejano Nuestra Señora le había dicho: «A su debido tiempo comprenderás todo». Ahora, mirando hacia atrás en la vida, parecía entenderlo todo. ¿Valió la pena hacer tantos sacrificios, tanto trabajo, por la seguridad de los jóvenes? Sí, y mirando a Don Bosco, también nosotros podemos decir: “¡Vale la pena!”

Oración.

Oh, santísima e inmaculada Virgen María, Madre nuestra llena de ternura y potente Auxilio de los cristianos, nosotros nos consagramos enteramente a tu dulce amor y a tu santo servicio.

Te consagramos la mente con sus pensamientos, el corazón con sus afectos, el cuerpo con sus sentimientos y con todas sus fuerzas, y prometemos querer siempre obrar para la mayor gloria de Dios. Te suplicamos oh, gran Madre de Dios, enséñanos imitar en nosotros tus virtudes, de manera particular una profunda humildad y una ardiente caridad.

Te invocamos con confianza oh, María Auxiliadora en las tentaciones, para que podamos encontrar refugio bajo tu amado manto de Madre. Amén.

Texto: Don Ángel Fernández Artime – Rector Mayor / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo / Vídeo: Don Ángel Fernández Artime – Rector Mayor.


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