Novena a María Auxiliadora. Día 07

Señal de la Cruz.

– Virgen Sacratísima, dígnate permitirme que te alabe.

Dame fortaleza contra tus enemigos.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, María Auxiliadora

Oración preparatoria para todos los días.

Oh, Dios Todopoderoso y Misericordioso, que en defensa del pueblo cristiano estableciste admirablemente en la Beatísima Virgen María un perpetuo auxilio; concédenos propicio, que, fortalecidos con tal protección, luchando en esta vida podamos en la muerte, conseguir victoria del enemigo maligno, por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Rezar tres Ave María y Gloria.

Jaculatoria.

María Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.

Día Séptimo.

No seas, Madre de misericordia, insensible a los dolores de la Iglesia menospreciada en su doctrina y en sus Sacramentos. No permitas sea derramada en balde la sangre preciosísima de tu divino Hijo ilumina a los ciegos que la persiguen, fortalece a los débiles que no la defienden. Brille ¡oh, María! tu poder sobre la tierra; sea glorificada y acatada la religión, observada la ley divina y eclesiástica, para que todos te alaben y alcance la humanidad los goces eternos.

Rezar tres Ave María y un Gloria.

Oración final para todos los días.

Invocación. ¡Oh, María! Virgen poderosa, grande e ilustre defensora de la Iglesia… Singular Auxilio de los cristianos, terrible como un ejército ordenado en batalla… Tú sola has triunfado en todas las herejías del mundo. ¡Oh, Madre!, en nuestras angustias, en nuestras luchas, en nuestros apuros, líbranos del enemigo, y en la hora de nuestra muerte, llévanos al Paraíso. Amén.

Súplica a María Auxiliadora.

Necesitando un favor especial, y confiando en tu bondad, a Ti recurro, poderoso Auxilio de los Cristianos. Conocedor de las innumerables gracias que diariamente concedes a tus devotos, he puesto siempre en Ti toda mi confianza; y hoy, humildemente postrado a tus plantas, te suplico, con todo el fervor de mi alma, remedies mi necesidad… (pídase aquí la gracia que se desea obtener). Bien sé, Madre querida que yo no merezco nada; y aún temo que mis culpas sean un obstáculo a tu bondad. Mas Tú puedes, dulcísima Señora, sacarme de este lastimoso estado y hacer que sirva con fidelidad a Ti y a tu divino Hijo, a fin de que yo también pueda experimentar la maravillosa eficacia de tu santo Auxilio.

Señal de la Cruz.

Texto: Anónimo / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo


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