San José le mostró el camino.

Esta es una breve anécdota, poco conocida, que Don Bosco solía contar a sus muchachos cerca de la fiesta de San José, para mostrarles como el Padre de Jesús, es también padre de todos nosotros y escucha nuestros ruegos.

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Hace varios años, uno de los tantos muchachos sin educación alguna, que vivía en las calles de Turín, fue a comprar una cajetilla de tabaco para él y sus amigos. Al volver con ellos, quiso leer la parte impresa del envoltorio del tabaco; era una pequeña oración a San José para obtener la buena muerte.

A pesar de que le costó mucho leerla, la estudió y aprendió de memoria y la rezaba cada día, casi materialmente, sin intención alguna de alcanzar ninguna gracia o favor.

Este esfuerzo no pasó en vano para San José; tocó el corazón del joven quien, algún tiempo después, cruzó camino con Don Bosco; platicó con él y este, le proporcionó un lugar donde vivir, la oportunidad de instruirse en la religión e incluso, hacer su Primera Comunión. Poco tiempo después, cayó gravemente enfermo y murió, no sin antes invocar el nombre de San José, quien le había obtenido la paz y el consuelo en aquellos últimos momentos.

Texto: Parroquia El Espíritu Santo / Ilustración: Parroquia El Espíritu Santo


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