Un regaño sin palabras

El grupo de muchachos que habitaban el Oratorio de Valdocco había crecido bastante; Don Bosco comprendió que él sólo no podía con todo el trabajo y que, a sus muchachos, les hacía falta algo más: una madre.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Don Bosco, San Juan Bosco

Es así como decidió acudir a mamá Margarita para que le ayudase a atender a los muchachos y ella aceptó muy gustosamente dejar su pueblo y viajar a Turín con su hijo para ayudar en todo lo posible con el Oratorio Festivo en donde, además de darle un alojamiento y comida, también se les educaba y preparaba para la vida.

Sin embargo, los muchachos muchas veces eran muy maleducados; hacían pleitos, escándalos, desórdenes y, en más de una ocasión, llegaban a los golpes. En una ocasión, luego de que unos muchachos se agarraran a golpes, mamá Margarita se acerca a Don Bosco y le dice: “Hijo, ya no aguanto más. Yo estaba mucho mejor allá en mi pueblo, en mi casita. Me hace falta estar en un lugar tranquilo. Estos muchachos son muy rebeldes, son muy tremendos y yo aquí no tengo paz. Creo que lo mejor será regresarme”.

Don Bosco suspiró profundamente sin decir palabra alguna; tomó a su mamá cariñosamente del brazo, le mostró un pequeño crucifijo que colgaba de la pared frente a ellos y se lo señaló.

Mamá Margarita, sin comprender al principio aquella reacción de su hijo, fijó su mirada en la imagen de Cristo en la cruz que tenía justo delante de ella y se conmovió profundamente. Unos momentos después dijo: “Hijo, he comprendido lo que haces, lo que me quieres decir y decido que me quedo aquí contigo”.

Texto: Parroquia El Espíritu Santo / Ilustración: Parroquia El Espíritu Santo / Fuente: Padre Rolando Flores. Homilía 15-01-2021


info@espiritusantogt.com