Un Avemaría durante la Misa te lleva al cielo.

El 4 de febrero de 1861, Don Bosco fue a predicar los ejercicios espirituales en el Seminario de Bérgamo. Durante su prédica contó esta pequeña anécdota.

En cierta ocasión — narra Don Bosco — pude pedirle a María Santísima la gracia de tener conmigo en el cielo a miles y miles de almas y ella — la Virgen — me hizo promesa.

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Si cada uno de ustedes desean pertenecer a tal número, ¡qué gran alegría para mí!, y lo van a lograr siempre y cuando cada día, durante toda su vida, recite un Avemaría bien rezado, durante la celebración de la Misa, pero más específicamente al momento de la Consagración, en silencio.

Aquella propuesta fue recibida con gran alegría por la audiencia, porque ya se conocía la santidad de Don Bosco y sus relaciones que tenía con lo sobrenatural.

En la mente de un tal Stefano Scaini, que en aquel momento era clérigo en el Seminario de Bérgamo, y luego sacerdote jesuita, se quedó muy grabada la idea de Don Bosco, convencido de que la misma Virgen fue quien se la había sugerido al santo.

El 3 de enero de 1882, Scaini fue a visitar a Don Bosco a Turín, y le dijo:

— Si me permite, Don Bosco, ¿se recuerda de cuando vino a predicar los ejercicios en el Seminario de Bérgamo?

— ¡Sí! ¡sí!

— Pues usted nos habló de una promesa que le hizo la Virgen María al rezar el Avemaría durante la Consagración en la Misa.

— Lo recuerdo muy bien Stefano.

— Yo, desde ese día, he rezado ese Avemaría lo mejor que puedo en todas las misas en las que me encuentro.

— Sigue rezando ese Avemaría Stefano — respondió Don Bosco con gran seguridad — y verás que nos encontraremos juntos en el Paraíso.

Cuántas almas, confiadas en la palabra de Don Bosco, recitan cada día este Avemaría.

Texto: Parroquia El Espíritu Santo / Ilustración: Parroquia El Espíritu Santo


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