Un santo travieso.

A Juan Bosco le gustaban los juegos, las bromas y las travesuras; ir con sus amigos a buscar madrigueras de topos y de conejos, nidos de pájaros, y jugar hasta el cansancio “mocho”, una especie de beisbol primitivo.

Un día volvió con una mejilla chorreando de sangre; le habían acertado con el bate. Mama Margarita se alarmo al verlo y le dijo: “Un día te sacarán un ojo”. Era un niño inquieto, tanto así que en otra ocasión tales eran sus deseos por salir a jugar presurosamente que dejó abierta la puerta de la conejera. Mamá Margarita siempre mantenía en un rincón de la cocina una vara. Sal saber lo sucedido, le dijo: “Juan, trae la vara”.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Don Bosco, San Juan Bosco

Él, asustado, se hizo hacia la pueta, preguntando al mismo tiempo: “¿Qué va usted a hacerme?”. Ella le respondió: “Tráela y verás”. Él notó en su mamá una actitud decidida, así que tomó la vara y se la entregó desde lo más lejos que pudo.

— Mamá, ¿piensa pegarme con eso?

— Claro que sí, ¿acaso no ves las travesuras que me haces?

— Prometo que no volveré a hacer travesuras.

Mamá Margarita sonrió y él también.

Solo contaba con ocho años; sus carcajadas resonaban por toda la casa; era pequeño y fuerte, no se quejaba de los raspones en sus piernas ni en sus brazos, gozaba verdaderamente de jugar al aire libre.

Una mañana dispuso subirse a un árbol para tomar un nido de pájaros; pero le fue mal. El nido se encontraba muy metido en la hendidura del árbol; él metió el brazo hasta el codo, pero, al intentar sacar el brazo que se había quedado atascado, se le empezó a hinchar. Su hermano José lo miraba asustado, se subió a una escalerita para intentar ayudarlo, pero fue imposible; así que fue por mamá Margarita.

Ella corrió a buscar el auxilio de un campesino para que trajera un hacha. En tanto su hermano José, desde el suelo, lo veía sudar y palidecer, gritándole: “¡Aguanta! ¡Se fuerte! Ya vienen”. Finalmente llegó el campesino, que envolvió el brazo de Juan en el delantal de mamá Margarita y empezó a golpear el árbol, hasta que finalmente salió el brazo. Mamá Margarita estaba tan asustada que esa vez no tuvo ni tiempo para regañarlo; en tanto Juan Bosco se mostró afligido. Mamá Margarita logró recobrar energías y le dijo: “No quiero que me hagas una travesura cada día”.

Como era ya costumbre y para sacer adelante a la familia, mamá Margarita solía ir al mercado llevando quesos, pollos y verduras para venderlos y poder volver a casa con velas, sal y algún regalito para los hijos: Ese día, mientras jugaba mocho, el maderito que hacía las veces de pelota se trabó en el techo. Juan quiso tomar uno más que estaba en un armario. Se subió a una silla, se paró de puntillas y se estiró lo más que pudo, sin embargo, lo único que logró fue llevar al suelo un frasco de aceite. José se asustó; trataron de limpiar el desastre, pero la mancha más se esparcía sobre los ladrillos de barro. Recogieron los pedazos de vidrio, pero limpiar todo fue imposible para remediar aquello. Juan decidió tomar su navaja y una rama de mimbre, la decoró con varios motivos y, al ver que mamá Margarita se acercaba a la casa, salió a su encuentro y le ofreció la vara diciéndole: “Merezco que me pegue; pero antes le contaré todo”. Mamá lo perdonó una vez más, pero le dijo: “Debes tener cuidado; mira que el aceite es caro”.

Y aún así, las travesuras no se detuvieron.

Siendo ya sacerdote, Juan se dispuso a hacerle una travesura a un grupo de jóvenes que se encontraban jugando cartas en la calle. Don Bosco observó detenidamente que había un pañuelo con unas veinte liras en calidad de apuesta. Luego realizó un movimiento rápido y salió corriendo. Los chicos, acostumbrados a ver de todo menos a un sacerdote ladrón, corrieron tras él gritando: “¡Ladrón! ¡ladrón!”.

Don Bosco era ágil y mientras corría les gritaba: “Si me alcanzan, devolveré el dinero”. Su intención era llevarlos al Oratorio, darles una buena palabra, algo de alimento, alejarlos del pecado y ofrecerles una buena educación.

Con esa pequeña travesura buscó ganar a esos muchachos para Dios.

Texto: Don Bosco, un hombre de leyenda (Libro) / Ilustración: Parroquia El Espíritu Santo


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