26 de noviembre: San Juan Berchmans

San Juan Berchmans,
Religioso.

Fue un santo joven ya que murió a los 22 años. Se hizo santo muy pronto, porque hacía todas las cosas de cada día con mucho amor a Dios. Todo lo que hacía, lo hacía bien. Por eso alcanzó muy pronto la gloria de los santos.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Santo del Día

Había nacido en Diest (Bélgica) el 13 de marzo de 1599. Sus padres formaron una familia modesta. El padre era zapatero y formaba parte del ayuntamiento de la ciudad. La madre era una de las hijas del alcalde. Juan fue el mayor de cinco hermanos.

Cuando la madre se puso enferma, Juan tuvo que cuidar a sus hermanos pequeños y ayudar en las faenas de la casa. Ya empezaba a pensar en hacerse sacerdote, pero no se atrevía a decirlo a su padre porque sabía que era necesario en casa.

Cuando tenía 10 años su padre lo puso como criado en casa de un sacerdote, que lo trató siempre muy bien y le daba un sueldo con que él ayudaba en los gastos de su familia. A los dos años fue trasladado a la ciudad de Malinas y comenzó los estudios de Secundaria. También servía en casa de un canónigo y tenía que cuidar de dos niños pequeños. Eso le gustaba mucho, porque ya lo había hecho en su casa con sus hermanitos. Procuraba estudiar durante el día, pero si no tenía tiempo lo hacía por la noche.

Conoció a los jesuitas en el colegio que acababa de abrirse en Malinas. Entonces decidió hacerse jesuita, pero se encontró con que su padre no lo dejaba. No le gustaba a Juan contradecir a nadie, menos a su padre, pero en esta ocasión se mantuvo firme en su decisión, así que a su padre no le quedó más remedio que darle el permiso.

Como jesuita siguió viviendo como lo había hecho hasta entonces: servir con alegría, obedecer con entusiasmo, rezar con devoción, estudiar con tesón. Pero ahora todo estaba adornado con un amor a Dios que lo llenaba todo. Hacía las cosas normales con todo cuidado para que salieran bien.

Fue destinado a Roma para seguir los estudios para ser sacerdote y también en la ciudad de los papas destacó por su amabilidad con todos y descuido de sí mismo.

Un día, a final de uno de los cursos, tuvo una conferencia pública en la que tenía que hablar delante de un grupo de sabios profesores. Le hicieron preguntas, le pidieron explicaciones a lo que decía y Juan fue respondiendo a todo con claridad y exactitud. Alguien de los presentes dijo que parecía que hablaba un ángel.

A los pocos días le entró un fuerte dolor de cabeza que se fue agravando hasta que murió, con el nombre de Jesús en los labios, el 13 de agosto de 1621.

Fue canonizado por el Papa León XIII el 15 de enero de 1888.

Texto: Miguel Ángel Requena, OP / Ilustración: Museo El Prado


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