Capítulo 14: Pasión por los libros.

Dos tercios de la noche leyendo.

Al verme pasar el tiempo tan disipado, diréis que necesariamente debía de descuidar los estudios.

No os oculto que habría podido estudiar más. Pero recordad que, con atender en clase, tenía suficiente para aprender lo necesario. Tanto más cuanto que entonces yo no distinguía entre leer y estudiar. Podía repetir fácilmente el argumento de un libro leído o expuesto por otro. Además, como mi madre me había acostumbrado a dormir más bien poco, podía emplear dos tercios de la noche en leer libros a mi placer y dedicar todo el día a trabajos de mi libre elección, como dar repaso o lecciones particulares, cosas que, aunque me prestaba a hacerlas por caridad o por amistad, no pocos me las pagaban.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, San Juan Bosco, Don Bosco

Había por aquel tiempo en Chieri un librero judío, de nombre Elías, con quien me relacioné asociándome a la lectura de los clásicos italianos. Pagaba un sueldo por cada volumen, que devolvía después de leído. Leía en un día un volumen de la Biblioteca Popular.

Al alba con Tito Livio en las manos.

El año último de básica lo empleé en la lectura de los autores italianos.

En el de retórica, me di a estudiar los clásicos latinos, y comencé a leer a Cornelio Nepote, Cicerón, Salustio, Quinto Curcio, Tito Livio, Cornelio, Tácito, Ovidio, Virgilio, Horacio y otros.

Yo leía aquellos libros por diversión. Me gustaban como si los entendiese totalmente. Sólo más tarde me di cuenta de que no era cierto, puesto que, ordenado sacerdote, habiéndome puesto a explicar a otros aquellas celebridades clásicas, entendí que, sólo después de mucho estudio y gran preparación, se alcanza el sentido justo y su calidad literaria. Pero los deberes escolares, las ocupaciones de los repasos, el mucho leer, requerían el día y una gran parte de la noche. Varias veces me sucedió que me pillaba la hora de levantarme con las Décadas, de Tito Livio, entre las manos, cuya lectura había empezado la noche anterior.

Esto arruinó de tal forma mi salud, que durante varios años mi vida parecía estar al borde de la tumba. Por eso siempre aconsejaré hacer lo que se pueda y no más. La noche se hizo para descansar, y, fuera del caso de necesidad, nadie debe dedicarse a estudios después de cenar. Un hombre robusto resistirá durante algún tiempo, pero acabará por dañar más o menos su salud.

Texto: San Juan Bosco / Ilustración: Parroquia El Espíritu Santo


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