15 de agosto: San Tarsicio

San Tarsicio,
Niño mártir.

Cuando los cristianos eran perseguidos por el Emperador de Roma, los soldados y el pueblo pagano no se fijaban en la edad de los cristianos. Igual echaban a hombres y mujeres para que los destrozaran y se los comieran los leones en el circo romano, que perseguían a los niños amigos de Jesús.

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Ése fue el caso de San Tarsicio. Él acudía siempre que podía a misa, y nunca la dejaba los domingos. Era muy devoto de Jesús, que está vivo en la Sagrada Hostia. Y estaba muy contento de ayudar a los sacerdotes a celebrar la misa. Era monaguillo de su parroquia, y lo había muy bien, porque se sentía tan cerca de Jesús.

Por eso, como era tan devoto de la Eucaristía, y era un chico muy formal, el sacerdote le confió una misión difícil. Le pidió que llevara la comunión a un anciano. Pensaba el cura que, siendo niño, nadie iba a sospechar que llevaba la Sagrada Hostia, el Cuerpo de Jesús, guardada en su pecho, escondida debajo de la túnica que en aquellos tiempos vestían también hombres y niños.

Pero, precisamente porque lo vieron tan piadoso y recogido, sospecharon que algo raro llevaba aquel chico tan callado. Y lo detuvieron y lo llevaron a declarar al tribunal de los enemigos de los cristianos.

Por más que le preguntaron y amenazaron, Tarsicio no quiso declarar que llevaba el Cuerpo de Cristo. él declaró que era cristiano, muy amigo e Jesús, y que si ellos no creían en Jesús no podrían salvarse.

A la vista de que no lograban que les dijera a dónde iba y lo que llevaba, lo sacaron fuera del tribunal y comenzaron a tirarle piedras y a darle golpes en todo el cuerpo con grandes bastones.

Tarsicio no pudo aguantar tan crueles malos tratos. Y cayó muerto en plena calle de Roma. Los perseguidores y asesinos de Tarsicio se echaron sobre él y le quitaron la túnica, para descubrir cuál era su secreto. Pero Dios hizo un gran milagro: el Cuerpo de Cristo que Tarsicio llevaba para dar la comunión, desapareció. Así no pudieron profanar la Sagrada Hostia.

Con todo derecho, aquel niño cristiano tan valiente es el Patrón de los monaguillos o acólitos y de muchas asociaciones católicas de niños y jóvenes. Su vida y su muerte nos enseñan que lo más importante para el cristiano es ser amigo de Jesús, que está vivo y oculto en la Sagrada Eucaristía.

Texto: Miguel Ángel Requena, O.P / Ilustración: Museo El Prado


info@espiritusantogt.com

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