A través de la cruz, Él va a introducirnos en la esfera de la nueva vida.

Lecturas del Día: Libro del profeta Daniel (7, 9-10. 13-14) | Salmo 96 |Segunda carta del apóstol san Pedro (1, 16-19) | Evangelio según san Mateo (17, 1-9)

La fiesta de hoy, de origen oriental y monástico, se puede decir que nos invita a mirar contemplativamente al Señor glorificado, iluminado con la luz plena de la Pascua, y con una proyección escatológica, el triunfo total al final de los tiempos.

Su vestido era blanco como nieve. El libro de Daniel se escribió en el siglo II antes de Cristo, en tiempos difíciles para la fe, cuando el pueblo judío estaba sufriendo el ataque paganizante del rey Antíoco Epífanes. El autor del libro presenta una visión esplendorosa del Reino mesiánico, con una escenografía espectacular: Dios sentado en su trono, vestidos blancos, llamaradas y ríos de fuego, millones de seres cantando alabanzas a Dios y al Hijo del Hombre, que entra en escena solemnemente y a quien le es dado todo honor y poder para siempre.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano

Es una visión para dar alientos a los creyentes que están siendo perseguidos, asegurándoles que el bien va a triunfar sobre el mal, cuando llegue el Mesías prometido. Lo mismo hace el salmo, cantando la gloria y la victoria de Dios: “El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra”.

Los tres relatos de la Transfiguración difieren en algunos detalles. Mateo, por ejemplo, acentúa cómo en Jesús se cumplen los anuncios del Antiguo Testamento. En Marcos aparece el secreto mesiánico, que solo se puede desvelar después de la Pascua. Lucas relaciona más este acontecimiento con la muerte y resurrección de Jesús.

Pero no importan demasiado esos matices diversos. Lo principal es la teofanía de la que fueron testigos los tres discípulos más cercanos a Jesús, Pedro, Santiago y Juan, y que sirvió a la primera comunidad para entender mejor la identidad de Jesús y encontrarle sentido a toda su historia pascual.

La voz del Padre que autentifica a su Hijo y la presencia del Espíritu sobre él, en forma de nube (Que en la Biblia simboliza la presencia divina, la gloria de Dios, la shekhinah), expresan claramente la intención de señalar a Jesús como el Enviado de Dios, más aún, como el Hijo mismo de Dios; y que su camino hacia la cruz – del que habla con Moisés y Elías, los representantes de la ley y los profetas del Antiguo Testamento – es también el camino de la gloria y de la salvación.

La escena que hoy conmemoramos es estimulante para nuestra vida. Centra nuestra mirada de fe sobre el Señor resucitado. A través de la cruz, Él va a introducirnos en la esfera de la nueva vida, como sucedió hace meses con la celebración del Triduo Pascual.

Nos conviene oír la palabra invitante de Dios: “Este es mi Hijo: escúchenlo”. Jesús es el camino, la verdad, la vida. Siguiéndolo a Él, tenemos asegurada nuestra felicidad. A pesar de las cruces que encontremos en el camino.

Texto: Parroquia El Espíritu Santo / Ilustración: Museo El Prado


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