31 de julio: San Ignacio de Loyola

San Ignacio de Loyola,
Sacerdote.

Fue el último de los trece hijos de don Beltrán Ibáñez y doña Marina Sánchez. Heredó de sus padres nombres cualidades y malas inclinaciones, como él mismo dice en su autobiografía, que es su vida, escrita o dictada por él mismo. Estuvo en la corte del rey de Navarra como paje y aprendió también las buenas maneras cortesanas y los vicios de una vida lujosa.

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Santo del Día, Santoral Diario

Fue herido en la defensa del castillo de Pamplona y, aunque la herida era grave, pudo superarla, pero tuvo que guardar cama durante una larga temporada. En su convalecencia leía muchos libros y cuando acabó con lo de aventuras le dieron para leer vidas de santos y se pudo a pensar que él también podría hacer las cosas que habían hecho San Francisco (4 de octubre) o Santo Domingo (8 de agosto).

Cuando ya estuvo bien se dio cuenta de que tenía mucho que aprender y pensó ir a Palestina, la tierra de Jesús, y antes estuvo en Manresa, dedicado a la oración y penitencia en una cueva. En su soledad le pareció que Dios le enseñaba como a un niño pequeño. Allí escribió uno de los libros que más bien han hecho a la humanidad: los “Ejercicios Espirituales”.

Intentó estudiar y pensó que el mejor sitio era la Universidad de París y allí se fue. Se le juntaron seis compañeros que pensaban como él. Tomaban las decisiones juntos y una de ellas fue peregrinar a Tierra Santa, pero si no podían irían a donde el Papa los enviase. Pararon en Venecia y durante dos años no salió ningún barco hacia Palestina.

Decidieron ir a Roma y, en el camino, Ignacio tuvo una visión en la que Jesús le decía que en Roma estaría con ellos. En Roma estudiaron la manera de convertirse en Orden religiosa. Escribieron un documento, que después se llamó las Deliberaciones y lo presentaron al Papa. Paulo III lo aprobó el 27 de septiembre de 1540. Había nacido la Compañía de Jesús, un gran regalo de Dios a la Iglesia y al mundo. Tenían que elegir a un superior y lo hicieron: Ignacio de Loyola fue el primer general de la Compañía.

La Compañía de Jesús (jesuitas) comenzó a crecer, e Ignacio se quedó en Roma escribiendo las reglas. Escribía, añadía, borraba, perfeccionaba. Así hasta 1552. Mientras tanto, además de gobernar la Compañía hacía el bien a cuantos podía en la ciudad: mujeres, judíos, nobleza. Le llamaban el apóstol de Roma.

Las enfermedades que le molestaban desde hacía años se agravaron mucho, y en la mañana del 31 de julio de 1556 entregó su alma a Dios. Fue canonizado el 12 de marzo de 1622.

Texto: Miguel Ángel Requena, O.P / Ilustración: Museo El Prado


info@espiritusantogt.com

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