La Virgen María es toda de Dios.

La Virgen María ha tenido un amor supremo: Dios de infinita majestad, a quien hizo entrega total de su ser y de su libertad, al declarar: “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1, 38). Este sí de María fue un compromiso fecundo en altísima santidad para ella y la opción feliz a favor de nuestra redención eterna.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Virgen María

La altísima santidad de la Virgen María es la más preciosa prueba de su amor a Dios, pues ella siempre y en todas las circunstancias, buscó el reino de Dios y su justicia.

La justicia del reino de Dios es la santidad de vida, por al cual seguimos fielmente el plan de Dios, cumpliendo a la perfección la voluntad divina.

Imitemos a la Virgen María, que atendió la orden imperativa de Jesucristo: “Sed perfecto como el Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48)

Texto: Tiberio López F. / Ilustración: Parroquia El Espíritu Santo


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