Corpus Christi

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Santo, SantoralFiesta de Corpus Christi.

Esta es la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo; que Él está presente en la Eucaristía. Con esta fiesta recordamos de manera especial la institución de la Eucaristía, que se realizó en la Última Cena, el Jueves Santo, en la que el propio Jesús convirtió el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre.

En 1193, en Lieja (Bélgica), una religiosa llamada Juliana de Cornillón tuvo siempre una gran devoción por el Santísimo Sacramento. Una noche, tuvo una visión en la que apreció a la Iglesia bajo la apariencia de luna llena que brillaba como plata, pero con una mancha negra. Ella interpretó que la Iglesia brilla porque recibe la luz de Cristo y la mancha era la falta de una celebración especial para la Eucaristía. Inmediatamente ella presentó la solicitud a las autoridades para que se realizase esta celebración, pero esto tardó en ocurrir.

El Papa Urbano IV publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santa Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la santa misa y al oficio.

En el siglo XIII, el sacerdote alemán, Pedro de Praga, se detuvo en la ciudad italiana de Bolsena, mientras realizaba una peregrinación a Roma. Era un sacerdote piadoso, pero dudaba en ese momento de la presencia real de Cristo en la Hostia consagrada. Cuando estaba celebrando la Misa junto a la tumba de Santa Cristina, al pronunciar las palabras de la Consagración, comenzó a salir sangre de la Hostia consagrada y salpicó sus manos, el altar y el corporal.

El sacerdote estaba confundido. Quiso esconder la sangre, pero no pudo. Interrumpió la Misa y fue a Orvieto, lugar donde residía el Papa Urbano IV.

El Papa escuchó al sacerdote y mandó a unos emisarios a hacer una investigación. Ante la certeza del acontecimiento, el Papa ordenó al obispo de la diócesis llevar a Orvieto la Hostia y el corporal con las gotas de sangre.

Se organizó una procesión con los arzobispos, cardenales y algunas autoridades de la Iglesia. A esta procesión, se unió el Papa y puso la Hostia en la Catedral.

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