31 de mayo: La Visitación de la Virgen María

La Visitación de la Virgen María.

Con esta fiesta de la Virgen cerramos el mes de mayo, que es el mes consagrado a María. Es una fiesta muy antigua en la que recordamos la visita que la Virgen le hizo a su prima Santa Isabel. Nos lo cuenta San Lucas en su Evangelio y yo te lo cuento a ti.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Santo del Día, Santoral

Cuando el arcángel Gabriel le anunció a María que iba a ser la Madre de Jesús le dio, como prueba, la noticia de que a su prima Isabel le faltaban tres meses para dar a luz un hijo.

Como Isabel era ya anciana, María pensó que le haría mucha falta una ayuda para cuando naciese el niño y se puso en camino desde Nazaret, donde ella vivía, hasta Ain-Karim donde vivía su prima, muy cerca de Jerusalén. Era un camino largo, pero lo tomó con alegría y no se le hizo muy pesado.

En cuanto María llegó a la casa de Isabel y la saludo, saltó de alegría el niño que llevaba Isabel en su vientre y se lo dijo, llena de gozo, a María. Y la alabó porque también sabía ella quien era María y todo lo que el ángel le había dicho, por eso dijo que quién era ella para que la visitase la Madre del Señor. Le dijo también que sería muy feliz porque iba a cumplirse de verdad todo lo que el Señor le había anunciado y le dijo también: “Bendita tú entre todas las mujeres“, que es lo que le decimos nosotros siempre que rezamos el Avemaría.

La Virgen María, muy tranquila, se puso a alabar a Dios y pronunció una oración que, desde hace mucho tiempo, todos los religiosos y sacerdotes y muchos seglares rezan todos los días: el Magníficat. En esa oración la Virgen dice que está muy contenta por haberla elegido Dios para ser la Madre de Jesús. Que todos la llamaran feliz por serlo. Que Dios ha hecho maravillas por su pueblo desde muy antiguo y aún las sigue haciendo. Que Dios siempre ha sido misericordioso con todos, desde tiempos de Abraham.

María estuvo con Isabel unos tres meses, hasta el nacimiento del hijo de Isabel. San Juan Bautista, y se volvió a su casa, a esperar en Nazaret el nacimiento de su propio hijo, Jesús.

En esta fiesta los cristianos tomamos como ejemplo a la Virgen en lo que tiene que ser nuestra vida: ayudar a todos aquellos a quienes podemos hacerles falta, no mirar nuestra comodidad, sino preocuparnos por los demás, mirar siempre la voluntad de Dios y hacer lo que a Él le gusta.

Texto: Miguel Ángel Requena, O.P. / Ilustración: Museo El Prado


info@espiritusantogt.com

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