Cuatro puntos sobre el Espíritu Santo

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, CatequesisQuien es el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es una de las tres personas de la Santísima Trinidad Santa, consubstancial al Padre y al Hijo, “que con el Padre y el Hijo reciben una misma adoración y gloria”.

El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo del Designio de nuestra salvación y hasta su consumación. (Catecismo 685, 686)

La revelación del Espíritu Santo.

Es en los “últimos tiempos”, inaugurados con la Encarnación redentora del Hijo, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es conocido y acogido como persona. Antes de su muerte Jesús había prometido a sus discípulos enviarles <<otro Paráclito>>, cuando ya no estuviera con ellos. Cuando después se derramó el Espíritu Santo sobre los discípulos de la Iglesia primitiva, entendieron lo que Jesús había querido decir. Experimentaron una seguridad profunda y la alegría de la fe y recibieron determinados carismas. (Catecismo 686)

El Espíritu Santo obró en María.

El Espíritu Santo preparó a María con su gracia. Convenía que fuese “llena de gracia” la madre de Aquel en quien “reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente”.

En María el Espíritu Santo realiza el designio del Padre. La Virgen concibe y da a luz al Hijo de Dios con y por medio del Espíritu Santo. Su virginidad se convierte en fecundidad única por medio del poder del Espíritu y de la fe. En ella el Espíritu Santo manifiesta al Hijo del Padre hecho Hijo de la Virgen; llena del Espíritu Santo, presenta al Verbo en la humildad de su carne dándolo a conocer a los pobres.

Es por medio de María, que el Espíritu Santo comienza a poner en Comunión con Cristo a los hombres. (Catecismo 721-725)

El Espíritu Santo en nuestra vida.

La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. El Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo; les manifiesta al Señor resucitado. Les hace presente el Misterio de Cristo, especialmente en la Eucaristía, para conducirlos a la Comunión con Dios.

El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Es el Espíritu Santo el Maestro de la oración. (Catecismo 737-741)

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