06 de mayo: Santo Domingo Savio

Santo Domingo Savio,
niño.

Murió siendo un muchacho y puede ser el ejemplo claro de que se puede llegar a la santidad con pocos años, pero con mucho amor a Dios.

Su primera vida la escribió San Juan Bosco (31 de enero), que fue su director como educador y como Padre espiritual. Así nos ha llegado un testimonio de primera mano.

Nacido el 2 de abril de 1842 en Giovanni di Riva, cerca de Turín (Italia). Hijo de una modesta familia en la que había diez hijos. Domingo era el segundo. Fue a la escuela, primero en su pueblo, luego en el pueblo vecino y después en Mondonio, donde se trasladó la familia.

El 6 de abril de 1849 tomó la Primera Comunión y ese día fue para él principio de una vida que le llevó a la santidad. Fue el día en que escribió sus grandes propósitos que cumplió toda su vida. El más famoso de los cuales fue “Antes morir que pecar”. Tenía un gran deseo de cumplir exactamente todas las normas de la vida cristiana. Quería ser siempre bueno, cada vez más bueno y por eso quería a Dios, a Jesús y a la Virgen María con todas sus fuerzas.

Era un muchacho valiente y, si hacía falta, se ponía en medio de una pelea para que los que se golpeaban no ofendiese a Dios con la violencia. Llamaba la atención de los vendedores de revistas cuando salía alguna que no le parecía bien.

Cuando llegó al Oratorio de San Juan Bosco se puso enseguida bajo su dirección espiritual. Él quería ser santo y Don Bosco podía orientarle bien. Pensó que le diría grandes fórmulas para la perfección y sólo le dijo que tenía que estar siempre alegre: ante la dicha, alegre. Ante la fatiga, alegre. Ante la adversidad, alegre. Domingo le propuso a Don Bosco hacer penitencia, pero no lo dejó, no hacía falta, bastaba ofrecer al Señor todo lo que Él envía cada día. Su afán de apostolado, de hacer el bien a los demás, le llevó a fundar con sus compañeros la Compañía de la Inmaculada. Era un grupo que se reunía para rezar a la Virgen María y proponer buenas acciones en su honor. Él fue el primero en hacer su consagración a la Inmaculada en la que renovó sus propósitos de la Primera Comunión.

Quería ser sacerdote y por eso estudiaba con gran esfuerzo. Éste le llevó a contraer una enfermedad por la que tuvo que dejar los estudios y volver a casa. Al despedirse lo hizo como el que no va a volver más. Recibió la Unción de los Enfermos y la Comunión y, después de decir: “¡Qué cosas tan bonitas veo!”, murió. Tenía casi quince años.

Fue canonizado por el Papa Pío XII, el 12 de junio de 1954.

Texto: Miguel Ángel Requena, O.P. / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo
info@espiritusantogt.com

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