02 de mayo: San Atanasio de Alejandría

San Atanasio de Alejandría,
Obispo y Doctor.

Este gran santo se caracteriza por la defensa de la fe católica frente a los arrianos, que decían que Jesús no era Dios sino un hombre muy especial. San Atanasio tuvo que sufrir mucho por esta causa. Ahora verás.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Santo del Día, Santoral

Casi seguro que nació en Alejandría (Egipto) o muy cerca, allá por el año 296, en una familia griega y cristiana. Fue educado en la cultura griega, que era la más rica entonces. Desde niño le notaron una inteligencia muy despierta y una gran bondad. Pronto se decidió por entregar su vida a Dios. Fue ordenado de diácono y pasó unos años con los monjes en el desierto. Allí comenzó a escribir sus obras que le darían mucha fama en toda la Iglesia. Acompañó a su obispo Alejandro al Concilio de Nicea, en el año 325, y se vio por primera vez con Arrio, que defendía su herejía. En Nicea comenzó a sonar su nombre como defensor de la fe verdadera.

Cuando murió Alejandro, fue elegido Atanasio como obispo de Alejandría, que emprendió enseguida una visita a su diócesis. Los arrianos aprovecharon la ausencia del obispo para emprender contra él una serie de calumnias y Atanasio tuvo que ir a Nicomedia para visitar al emperador Constantino. Se defendió muy bien y el emperador le dio la razón. Pero otra vez volvieron la calumnias. Siguieron así las cosas hasta que Constantino tuvo que reunir otro concilio, ahora en Tiro, con muchos obispos. Atanasio se quedó solo en el concilio porque no dejaron entrar a sus amigos. Aunque se defendió muy bien, no pudo convencer a sus adversarios y fue desterrado a Tréveris (Alemania), desde ahí siguió gobernando su Iglesia de Alejandría.

Muerto Constantino, su hijo permitió que Atanasio volviese a su ciudad. Pero como los arrianos habían puesto otro obispo, hubo mucho revuelo en la población. Unos querían a Atanasio y otros al obispo arriano. Ante esta situación, Atanasio eligió el destierro y volvió a salir de Alejandría y escribió una carta a todos los obispos en la que exponía su situación. La carta la firmó también San Antonio Abad, que ya tenía una gran autoridad en toda la Iglesia. Hasta cinco veces tuvo que ir Atanasio al destierro, siempre añorado por su pueblo. Los obispos y los Papas siempre estuvieron con él.

Nuestro santo, vencido por el agotamiento de una vida tan intensa, pudo morir en su sede de Alejandría, el 2 de mayo del año 373. No fue mártir, pero toda su vida fue un auténtico martirio por la fe católica. El Concilio de Constantinopla lo declaró el primero de los Doctores de la Iglesia.

Texto: Miguel Ángel Requena, O.P. / Ilustración: Museo El Prado


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