Ejercicio del 24 de cada mes: Septiembre – Auxiliadora porque “El Señor está contigo”

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesianos, María Auxiliadora, Virgen AuxiliadoraMotivación.

Cuando Don Bosco encarga al pintor Lorenzone la realización del cuadro de María Auxiliadora para el Santuario de Turín, el artista quedó sorprendido y desconcertado. El entusiasmo de Don Bosco, explicándole todo lo que quería ver plasmado en el cuadro, le llevaba a desear reflejadas tantas cosas que Lorenzone tuvo que decirle: “Pero, Don Bosco, para pintar cuanto usted desea, necesitaría u n lienzo que sólo en una plaza podría ser desarrollado”. La ilusión de Don Bosco era reflejar la grandeza de María como signo y modelo de la Iglesia.

El hermoso cuadro tuvo que tener los límites de toda obra de arte, pero lo que no pudieron reflejar los pinceles quedó condensado, contenido y explicado en el pequeño símbolo trinitario, en la paloma, como referencia al Espíritu Santo, sobre la cabeza de la Virgen. En Él estaba el porqué de la grandeza y del rol de la Auxiliadora.

Lectura Salesiana.

La experiencia mariana de Don Bosco es un camino que lo lleva desde la ternura de la Madre al ideal de la Inmaculada para terminar en la madurez de la Auxiliadora.

Don Bosco comienza a ver a María como Madre. Una Madre que vela y protege a sus hijos, una Madre que consuela y sufre con los que sufren. Luego Don Bosco, junto a toda la Iglesia, se abre a la fascinación de la Inmaculada Concepción, cuyo dogma es proclamado en el año 1854. La Virgen Inmaculada, modelo de pureza, es el ideal educativo que Don Bosco presenta a sus jóvenes.

Finalmente, hacia 1862, madura en Don Bosco la comprensión de María, como la Auxilaidora. María dice una y otra vez, quiere que la honremos como Auxilio de los Cristianos. Ella, en efecto, “ha continuado desde el cielo y con el más grande éxito, la misión de Madre y Auxilio de los Cristianos que había empezado en la tierra”.

Los dos grandes momentos del Espíritu y María son la Anunciación y Pentecostés. Con ellos nos conecta, de un modo especial, la visión que tiene Don Bosco de María. Ella es la Inmaculada y la Auxiliadora por la fuerza del Espíritu de la Anunciación y de Pentecostés.

Dios nos habla. Meditemos la Palabra.

Todo lo que María ha llegado a ser lo debe a su Hijo Jesús y a la acción del Espíritu Santo. Le decimos, como el Ángel, que es “llena de gracia”, “agraciada” porque “es toda del Espíritu”, “he encontrado el favor de Dios”, “porque el Espíritu le cubrirá con su sombra”.

Es siempre el Espíritu quien pone en comunión con la vida trinitaria, fuente de santidad y de gracia. Porque ha sido dócil morada del Espíritu, éste guió a María a lo largo de toda su existencia y, en particular, en los momentos claves de su vida.

Lucas 1, 26-38. En la Anunciación, sostenida e inspirada por el Espíritu, consintió libremente en ser Madre del Verbo, poniendo a su servicio todo su “yo” humano y femenino.

Lucas 1, 39-56. En la Visitación a su prima Isabel, junto a quien, inspirada por el Espíritu, interpretó la historia de la salvación a partir de la lógica de Dios, que baja a los soberbios y enaltece a los humildes.

Lucas 2, 1-17. En el Nacimiento de Jesús el Espíritu ayuda a María a creer que “su” Niño era el cumplimiento de las promesas hechas por Dios, era realmente el Santo y el Hijo de Dios.

Lucas 2, 19; 2, 51. En la Cruz, el Espíritu fue ahí su fortaleza permitiéndole acompañar a su Hijo en su muerte y abrirse a la maternidad nueva hacia todo lo que, como Juan, tendrían vida gracias a esa muerte redentora.

Hechos 1, 14. En el Cenáculo, perseverando en oración con los discípulos, implorando sobre la naciente comunidad la fuerza del Espíritu. En la Asunción: ahí la plenitud de vida que vivía María en su cuerpo “espiritualizado”, pudo manifestarse plenamente al ser llevada por el Espíritu a la gloria de la resurrección, juntoa su Hijo resucitado.

Para compartir.

¿Por qué se hizo el encuentro de Dios en el seno de María de Nazaret?

Porque en Ella, como en nadie antes ni después, el Espíritu encontró la disponibilidad plena y la colaboración necesaria para realizar la humanización del Verbo. Así el Espíritu, a través de Ella y en Ella sin encontrar ninguna resistencia, dio presencia humana al Verbo, lo “introdujo en la historia”, unió lo visible a lo invisible y así cumplió el eterno designio de Dios de “recapitular todas las cosas en Cristo”.

Para mí, bautizado, confirmado, debe repetirse el misterio que a través de María, y en Ella, realicó el Espíritu Santo.

¿Mi acogida y docilidad ante la acción del Espíritu es como la de María, o el Espíritu encuentra en mí resustencias o interferencias? ¿Cuáles podrían ser éstas?

Invoquemos el Auxilio de María.

Oh María, que concebiste al Verbo encarnado por obra del Espíritu Santo, y te dejaste guiar después en toda tu existencia por su acción interior, queremos contemplarte e imitarte como la mujer dócil a la voz del Espíritu, como mujer del silencio y de la escucha, como mujer de esperanza que acoges la voluntad y el proyecto de Dios esperando, como Abraham, contra toda esperanza. Tú ante el Espíritu expresas nuestras necesidad de Dios, el anhelo de los pobres, siendo modelo de quienes se fían de Dios y ponen en Él todas sus esperanzas.

Auxiliadora y Madre, intercede por nosotros para que el Espíritu nos inunde y se posesione de nuestra existencia, dejándonos, sin interferencias y resistencias, dóciles y abiertos a su acción santificadora. Amén.

María Auxiliadora, ruega por nosotros. Amén.

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