06 de febrero: San Pablo Miki y compañeros

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, SantoralSan Pablo Miki y 25 compañeros,
mártires.

Las cosas iban bien para los cristianos en Japón hasta el siglo XVI. Eran pocos pero con una fe profunda. Los misioneros trabajaban por el Evangelio con ilusión y esfuerzo. Pero llegó al poder un hombre duro, Hideyoshi, y mandó que toda la religión cristiana fuese destruida, los hombres, las casas y todo lo que hacían. Eso ocurría en 1587. Durante diez años, mal que bien, se continuó casi igual, pero con cuidado y mucha precaución. Hasta que un día de principios de 1797, en la región de Kioto, fueron apresados un buen grupo de cristianos con sus misioneros, que eran dos jesuitas y seis franciscanos. Todos fueron cargados de cadenas y trasladados a pie desde Kioto a Nagasaki, descalzos durante un mes.

Al llegar al lugar donde iban a ser ejecutados, los soldados permitieron a dos jesuitas que atendiesen en sus últimos momentos a los presos. Éstos rezaban en voz alta: unos el rosario de la Virgen, otros salmos de alabanza a Dios, otros encomendaban a Dios sus almas como Jesús lo había hecho en la cruz: <<Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu>>. Muchos de los que presenciaban aquel hecho lloraban de pena. Pero los mártires estaban contentos. Sujetaron sus manos y pies a las cruces con anillas de hierro y los ataron fuertemente por la cintura.

Así estuvieron varias horas y ellos continuaban con sus rezos. Cuando el jefe dio la orden, todos fueron atravesados por las lanzas de los soldados. Y pasaron de este mundo al cielo siendo testigos de la fe. Era el 5 de febrero de 1597.

Te voy a destacar a algunos de ellos:

San Pablo Miki: Es el primero de la lista. Era un jesuita japonés. Aún no era sacerdote, predicaba mucho y bien. Por eso fue apresado.

San Luis Ibaraki: Tenía doce años. Sobrino de otros dos mártires. Siempre estaba contento. Rechazó las palabras que le decían que abandonara su fe en Dios y en el Evangelio. Prefirió morir a renunciar.

San Antonio de Nagasaki: Tenía 13 años. Fue educado en la fe cristiana por los jesuitas y franciscanos. Desde lo alto de la cruz animaba a su madre.

Santo Tomás Kozaki: Con 14 años llegó al martirio. Vivía con los franciscanos en Osaka. Escribió una carta admirable de despedida a su madre en la que le decía que estaba contento porque iba a demostrar a Jesús lo mucho que lo quería.

Dejaron los cuerpos de los santos en las cruces durante varios días hasta que fueron recogidos por los cristianos y enterrados allí mismo. Ahora una iglesia se levanta en aquel lugar.

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