Lo que Domingo pensaba sobre tomar medicinas.

Estando en el Oratorio, sucedió una vez que uno de los muchachos se encontraba enfermo y le recetaron una medicina, pero él no quería tomarla debido a que su sabor era demasiado amargo. Domingo, siempre preocupado por los demás, se acercó a él para darle un consejo y, a pesar del tiempo, una lección para todos nosotros.

El joven Savio dijo: “¡Ay amiguito! No rechaces el remedio que te han dado. Nosotros debemos tomar cualquier remedio que nos receten, puesto que haciéndolo obedecemos la voluntad de Dios.

¿Por qué? Pues porqué Él fue quien estableció las medicinas; dio inteligencia a quienes las han fabricado y, además, también estableció a los médicos porque son necesarios para recuperar la salud perdida.

Además, si sentimos repugnancia en el gusto, mayor será el mérito para nuestra alma. Otra parte, ¿crees que esta bebida es tan amarga como la hiel y el vinagre con que fue acibarado Jesús en la Cruz?”.

Texto: Parrroquia El Espíritu Santo / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo
info@espiritusantogt.com

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