Todo está resuelto: seré sacerdote

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, San Juan Bosco, Don BoscoTexto: Parroquia El Espíritu Santo
Ilustración: Parroquia El Espíritu Santo

En la escuela de Castelnuovo había entablado Juan estrechas relaciones con cierto compañero llamado José Turco, el cual le llevó a visitar a su familia, dueña de una viña en la zona llamada Renenta, lindante con la finca Susambrino. A esa viña se retiraba Juan con frecuencia porque estaba lejos del camino que atravesaba el valle y era, por tanto, el lugar más tranquilo. Subía a un ribazo, desde donde podía vigilar si alguien entraba en su viña y en la de Turco y, sin ser visto, guardaba las uvas con el libro en la mano. El padre de José Turco, que con frecuencia se encontraba con él, le tenía un especial afecto y poniéndole la mano sobre la cabeza, le decía:

¡Animo, Juanito! Sé bueno y estudia, que la Virgen te ayudará.

– En Ella he puesto toda mi confianza – respondía Juan – pero estoy siempre con la misma incertidumbre: querría seguir los cursos de latín y hacerme sacerdote. Pero mi madre no cuenta con medios para ayudarme.

No tengas miedo, querido Juan; ya verás cómo el Señor te allanará el camino.

Así lo espero – terminaba Juan y despidiéndose, volvía a ocupar su puesto, con la cabeza baja y repitiendo – Sí, pero…

Y he aquí que, algunos días después, el señor Turco y su hijo le ven la mar de alegre, corriendo y saltando por su viña, hasta llegar a ellos.

¿Qué sucede, Juanito? – le preguntaba el propietario – que hoy estás tan alegre, cuando hace pocos días te veía tan preocupado.

Buenas noticias, buenas noticias. Esta noche he tenido un sueño, en el que vi que continuaría los estudios, que sería sacerdote y me encontraría al frente de muchos jovencitos, de cuya educación me ocuparía durante el resto de mi vida. De modo que ya está todo arreglado: pronto podré ser sacerdote.

Pero esto no es más que un sueño y del dicho al hecho hay largo trecho.

¡Oh! El trecho no es nada. Sí, me haré sacerdote, iré al frente de muchísimos muchachos, a quienes haré mucho bien – Diciendo esto, lleno de alegría, se fue a su puesto de guardia.

Al día siguiente, volviendo de la parroquia, adonde había ido para asistir a la santa misa, fue a visitar a la familia Turco; y la señora Lucía, llamando a sus hermanos, con los cuales iba Juan a entretenerse a menudo, le preguntó por qué mostraba tanta alegría en su rostro. El repitió que había tenido un hermoso sueño. Rogándole que lo contara, dijo que había visto llegar a él una gran Señora que guiaba un numerosísimo rebaño, la cual se había dirigido hacia él y acercándosele y llamándole por su nombre, le había dicho:

Mira, Juanito: todo este rebaño te lo entrego a tus cuidados.

¿Y, cómo me las arreglaré para guardar tantas ovejas y tantos corderitos? ¿Dónde hallaré pastos para apacentarlos?

No tengas miedo; yo estaré contigo. – Y desapareció.

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