Juan desafía a un titiritero ante el pueblo

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, San Juan Bosco, Don BoscoTexto: Parroquia El Espíritu Santo
Ilustración: Parroquia El Espíritu Santo

Una tarde debía haber un sermón en la capilla de una aldea cercana a I Becchi. La casa de Dios estaba medianamente llena, mientras la plaza de delante estaba atestada de hombres, cuya confusa bulla llegaba a los que ya estaban dentro, donde el deber religioso les llamaba. De repente suena una trompeta en la plaza. Nadie pudo frenar a los muchachos, que saltaron de los bancos y se precipitaron hacia la puerta de la iglesia. Tras ellos, salieron las niñas; y, finalmente, también las mujeres, hijas de la curiosidad.

Al ver esto, el pequeño Bosco corrió también a la plaza y, abriéndose paso entre la multitud, se plantó en primera fila. La presencia del muchacho, conocido por su destreza en los juegos, hizo que las miradas de todos se dirigieran hacia él. Con la cabeza y las manos le señalaban al titiritero, como para decirle que había encontrado un competidor. Juan, que no había salido de la iglesia por curiosidad, sino con un plan preconcebido, se adelantó hasta el centro del círculo y desafió al charlatán a demostrar quién de los dos era capaz de dar mejores muestras de habilidad. Miró el charlatán de arriba abajo al muchacho con aire de desprecio, pero los aplausos del pueblo a la propuesta de Juan le hicieron comprender que no sería honroso rechazar el desafío. Gritaban por todas partes: << ¡Bravo! ¡Eso es! ¡Demuestra tu habilidad! >>

De común acuerdo se convino no sé qué juego. <<Aceptado – concluyó Juan -, las condiciones las propongo yo. Si gana usted le daré un escudo; si gano yo, saldrá inmediatamente del término de este pueblo y no volverá a poner los pies en él, a la hora de las funciones de la iglesia>>.  La gente, ansiosa de un nuevo espectáculo, gritaba: << ¡Sí, si! >>. <<Acepto>>, respondió el charlatán, seguro de su triunfo.

Luego de probar sus destrezas, la victoria fue indiscutiblemente de Juan así que el charlatán, recogiendo sus bártulos1, tuvo que mantener la palabra y marcharse en seguida.

Entonces Juan dijo a la gente: <<Nosotros, a la iglesia, Dios nos espera>> y, él de primero para dar el ejemplo, entraron todos en la casa de Dios.

  1. Conjunto de utensilios, instrumentos y otros enseres de uso cotidiano que pertenecen a una persona o son propios de una actividad.

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