La bendición papal

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, San Juan Bosco, Don BoscoTexto: Parroquia El Espíritu Santo
Ilustración: Parroquia El Espíritu Santo

Amaneció la Navidad con menos alegría que de costumbre. El enfermo la celebró en su habitación, oyendo la misa del alba y recibiendo sagrada comunión: ambas cosas las hacía cada mañana. A mediodía llegó el canónigo Bossi, Superior de la «Pequeña Casa» y segundo sucesor de Cottolengo. Don Bosco, que se encontraba algo más aliviado, le recordó cómo se había encontrado con él, la primera vez, en Castelnuovo, cuando era todavía un jovencito. Después, mientras se oía el griterío de los alumnos que estaban en recreo, dijo a Viglietti: <<Querido Viglietti, ¿y si tú te fueras también a hacer un poco de recreo? No quisiera que cayeras enfermo por mi culpa>>.

Y, poco después, añadió bromeando: <<Viglietti, arréglatelas para enviar todos mis males a las piedras del Stura>>.

Era un recuerdo de las horas pasadas a diario durante el verano, a orillas de aquel río, en Lanzo.

Monseñor Cagliero había solicitado para el enfermo la ansiada bendición del Padre Santo, con un telegrama al cardenal Rampolla. El Secretario de Estado contestó: <<Santo Padre, dolorido enfermedad don Bosco, ruega por él y envía implorada bendición>>. Don Bosco quedó muy satisfecho.

Ya habían ido a visitarlo tres obispos: monseñor Pulciano, de Casale; monseñor Manacorda, de Fossano; y monseñor Valfré de Bonzo, de Cúneo. La noche de Navidad fueron los dos residentes en Turín, monseñores Bertagna y Leto.

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