El libro de memorias. Un hecho curioso y un consejo

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, San Juan Bosco, Don BoscoTexto: Parroquia El Espíritu Santo
Ilustración: Parroquia El Espíritu Santo

El día veinticuatro de diciembre estuvo marcado por algunos sucesos que vale la pena recordar; aquí veremos tres en particular.

El libro de memorias.

Antes de mediodía, dijo Don Bosco a don Celestino Durando: <<Te encargo que des las gracias, en mi nombre, a los médicos, por todos los cuidados que, con tanta caridad, me han prodigado>>.

Hacia las seis de la tarde, se puso de nuevo inquieto; sin embargo, más que en sí mismo, pensaba en los demás. Dijo al secretario: <<Pobre Viglietti, tú no sabías aun lo que quería decir velar enfermos>>.

Y, de vez en cuando, repetía en piamontés: <<Yo no sé qué decir ni qué hacer>>.

Llamó a don Miguel Rúa y le dijo: <<Quisiera que esta noche estuviese a mi lado otro sacerdote con don Carlos Viglietti. Temo no llegar a mañana>>.

Después de las ocho de la tarde, dijo a don Carlos Viglietti: <<Mira en mi mesa: hay un librito con mis memorias. Ya sabes a cuál me refiero. Tómalo y dáselo después a don Juan Bonetti, para que no vaya a parar a manos de cualquiera>>.

Era una especie de libreta, formada con hojas de un libro de contabilidad, que él había hecho cortar a guillotina, reducirlas a aquellas proporciones y encuadernarlas fuertemente. Llevaba este título, escrito a mano: Memorias desde 1841 a 1884-5-6, por el Sac. Juan Bosco, para sus hijos Salesianos. Contenía las normas prácticas de conducta a transmitir a su sucesor. Fue redactado en 1884, cuando don Bosco pensaba que había llegado el final de sus días, y, durante los dos años que siguieron, hizo algunas pequeñas añadiduras.

Un hecho curioso.

Dijo también a don Carlos Viglietti: <<Hazme también el favor de mirar en los bolsillos de mi ropa; allí están la cartera y el portamonedas. Pienso que no habrá nada dentro, pe si hay algún dinero, entrégaselo a don Miguel Rúa. Quiero morir de modo que se pueda decir: Don Bosco ha muerto, sin un céntimo en el bolsillo>>.

Un consejo.

Dijo Don Bosco a Monseñor, que se disponía a bajar para celebrar pontificalmente la misa de media noche en la iglesia de María Auxiliadora: <<Una sola cosa pido al Señor: que pueda salvar mi pobre alma. Te recomiendo que digas a todos los Salesianos que trabajen con celo y con ardor. ¡Trabajo, trabajo! Dedicaos siempre e incansablemente a salvar almas>>.

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