04 de noviembre: San Carlos Borromeo

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Santo del Día, SantoralSan Carlos Borromeo,
obispo y cardenal

San Carlos tuvo un tío que fue nada menos que el Papa Pío IV y eso fue lo que le hizo llegar a santo de una manera especial. Verás.

Había nacido en Arona (Italia) el 2 de octubre de 1538, hijo de los condes Borromeo Médicis, una de las más nobles familias de Italia. Estuvo muy educado por toda clase de maestros particulares y, cuando fue joven, eligió estudiar para ser abogado. El mismo día en que le daban el título de abogado en la Universidad, su tío era elegido Papa. Carlos no había pensado en ser sacerdote, pero se ve que su tío pensaba de otra manera porque enseguida lo llamó a Roma y lo hizo cardenal, que es una dignidad muy grande en la Iglesia.

Era una mala costumbre de aquella época en la que los Papas daban cargos de importancia a sus familiares, aunque no fueran muy buenos. En el caso de Carlos Borromeo, la cosa de ser sobrino-cardenal del Papa fue muy bien, porque se convirtió en un gran santo y uno de los personajes de la Iglesia de su tiempo.

Fue nombrado administrador de la diócesis de Milán. Por eso Carlos comenzó a estudiar teología, la ciencia de Dios, para poder ser sacerdote. Y así fue. Lo ordenaron sacerdote en 1563 y, al poco tiempo, lo ordenaron obispo, así podía ser ya el obispo de Milán.

Una de las grandes preocupaciones fue que la Iglesia pusiese por obra las órdenes y decretos del Concilio de Trento. Así le metía prisa a su tío el Papa para que lo mandara. Quería que los sacerdotes fuesen santos, que se enseñase bien el catecismo, que se diese con seriedad la comunión y la confesión, que todos pudiesen acercarse a las iglesias para encontrar allí el lugar especial para rezar y oír misa.

Cuando murió su tío el Papa, fue elegido Papa el cardenal dominico Ghislieri, que fue San Pío V. San Carlos hizo todo lo posible para que saliese él. Entonces ya Carlos pudo marchar a su diócesis de Milán, en la que hizo todo lo posible para poner en orden todo lo que había dicho el Concilio de Trento.

Visitó todas las parroquias de su diócesis y eso que eran más de 800. Fundó dos seminarios para que pudiesen estudiar con seriedad aquellos jóvenes que querían ser sacerdote. Predicó mucho y bien, en todas sus visitas a las parroquias.

En uno de los viajes se sintió enfermo y pidió que lo llevaran a Milán. A los pocos días, después de haber recibido la Unción de los Enfermos y la Comunión, murió con gran tristeza para todo Milán. Era el 4 de noviembre de 1584.

Fue canonizado el 1 de noviembre de 1610 por el Papa Pablo V.

 

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