María Auxiliadora me devolvió a mi hijo

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, María Auxiliadora, Virgen AuxiliadoraTenía muchos años de estar pidiendo a mi hijo que se alejara de las drogas; algo que había iniciado como una curiosidad se había vuelto un vicio que lo estaba empujando a robar. Yo desesperado le hablaba cada noche pero jamás me escuchó; solamente se burlaba o me insultaba y se encerraba en su habitación con una mujer distinta cada noche o se iba de la casa durante días. Pasaba noches en vela esperando que el teléfono sonara y me dieran una mala noticia.

Una amiga del trabajo se enteró de mi problema y me aconsejó que visitara una iglesia cerca de la oficina, he de decir que no era muy religioso pero, nada podía perder con pasar. Recuerdo que era un 24 de mayo. Al entrar a la iglesia, muy pequeña por cierto, vi unas cuantas personas sentadas en las bancas de enfrente y, a un lado del Altar vi una imagen muy bonita de la Virgen; en su momento no sabía muy bien que era pero algo llamó mi atención.

Me acerqué a la imagen y me quedé viendo aquel rostro tierno y al Niño que sostenía con su brazo; la observé de cabeza a pies y justo en la base había una placa que decía: “María Auxiliadora, ruega por nosotros”. No sé qué sucedió pero en ese momento caí de rodillas llorando en silencio y contándole a la Virgen mi angustia por mi hijo

Los siguientes días, aunque mi hijo seguía comportándose igual, ya no sentía aquella angustia tan grande; parecía que alguien me estaba ayudando a cargar mi pena y más aún cuando recordaba la frase de aquella placa: “María Auxiliadora, ruega por nosotros”. Nueve días habían pasado desde que entré a la iglesia cuando entró a la casa mi hijo, iba llorando y con cara de susto; he de confesar que pensé lo peor pero, para sorpresa mía, se acercó a mí y me dijo que cuando estaba asaltando a una señora, esta le entregó su cartera sin fuerza y le dio también una estampa. Él salió corriendo y unas cuadras más abajo vio la estampa de la señora y, al ver la imagen que tenía, se dio cuenta de todo el daño que estaba haciendo, no sólo a él, sino también a mí y que estaba dispuesto a cambiar. En los siguientes días consultamos sobre centros de rehabilitación hasta que encontramos uno al que ingresó. Estuvo varias semanas hasta que logró salir renovado. De esto hace ya más de diez años; hoy en día, mi hijo trabaja, se casó y ahora tiene don preciosas hijas.

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