Hágase tu Voluntad

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, OraciónSeñor, cuando digo “hágase tu voluntad, no la mía, sino la tuya”, me da la impresión de estar diciendo mentiras. Eso significa practicar una profunda hipocresía.

Aunque “Hágase tu voluntad” tiene la apariencia de ser una verdadera oración, quizás la más verdadera, no parece ser sincera y de cierto modo no expresa un acto de fe. Por el contrario, con frecuencia manifiesta una actitud de inercia, quizás de cobardía y especialmente de conveniencia. Es como decir “no voy a lograr que Dios cambie de opinión; por tanto, es mejor acomodarme a Él. Cualquier acontecimiento de hecho es su voluntad y de todas maneras, Él llevará a cabo sus designios”.

“Hágase tu voluntad” es una bella oración, pero también puede ser un pecado oculto. Si quiero decir que no hay nada que se pueda hacer porque de todos modos vas a llevar a cabo lo que deseas, estoy diciendo que eres una especie de déspota, un tirano, pues no toleras las ideas de los demás. Al decir aquella fórmula, en el fondo estoy pensando que no eres bueno, que no eres mi Padre y que no eres amor.

Querido Señor, no quiero ser grosero contigo, pero quiero decirte exactamente lo que guardo en mi mente y en mi corazón. Si somos amigos, debemos ser capaces de estar juntos con la mente y el corazón abiertos; ¿acaso no somos, en efecto, buenos amigos?

También quiero decirte, mientras tratamos este asunto, que a veces tengo la tendencia de contar contigo demasiado. Esto es bueno y generalmente no hay nada malo al respecto. Pero lo que sí es malo es que a veces hago cosas con la intención de no asumir mis deberes, y me vuelvo indiferente y atenido. Por tanto, contar completamente contigo viene a ser una “salida religiosa” para justificar mi pereza y pasividad; un escape para no tener que tomar las riendas de mi propia vida, pues las suelto con la intención irresponsable de que tú las manejes por completo y, así, poder evadir mi responsabilidad.

Querido Señor, más que nunca, continuaré diciendo “hágase tu voluntad”, pero no voy a poner toda mi confianza en esta fórmula, aunque sea tomada de tus Escrituras. Sé que hasta Satanás, en este sentido, puede orar y repetir el Evangelio más que cualquiera de tus amigos más íntimos.

De ahora en adelante voy a decir: “hágase tu voluntad” con conciencia, lucidez y resolución y, al mismo tiempo, voy a esforzarme al máximo para lograr hacer lo que te pido. No me interpretes mal, querido Señor. Quiero entregarme a tu por completo, pero sé que no deseas que yo tenga esta clase de resignación y actitud pasiva, ¿verdad? ¿Para qué me has dado inteligencia, voluntad, valor y capacidad para crear cosas?, ¿acaso no ha sido para utilizarlas?

A mi modo de ver, tú te preocupas y velas por lo que creaste con tus manos, pero no envías alimentos a la casa por la chimenea. Al contrario, nos sostienes por medio de las herramientas que nos has dado, tanto así como suministras comida a las aves, dotándolas de alas para buscarla.

Querido Señor, dame la gracia de contar contigo valiéndome de las alas que me has proporcionado. Amén.

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