Palabritas al oído: una técnica de Don Bosco

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, San Juan Bosco, Don BoscoTexto: Parroquia El Espíritu Santo
Fotos: Parroquia El Espíritu Santo

Don Bosco vivió al lado de cientos de jóvenes en su Oratorio. A muchos los confesaba; a otros los guiaba durante su dirección espiritual; pero a muchos de ellos les dijo en más de una ocasión lo que todos conocían como las palabritas al oído, un sencillo pero eficaz recurso educativo, consistente en un breve consejo a quien lo necesitaba.

Con aquella técnica muy breve y confidencial, Don Bosco logró tocar la vida de muchos de sus muchachos.

Las palabritas al oído eran como una espada de doble filo capaz de penetrar en el alma y en el corazón de quien las recibía, que luego de escucharlas lo buscaba ya fuera para disculparse por algo mal hecho o bien para buscar el sacramento de la Reconciliación.

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, San Juan Bosco, Don BoscoCuenta que, cuando Don Bosco se encontraba en su lecho de muerte, le hizo un gesto a Miguel Rúa con su mano como pidiéndole que acercara el oído. Él así lo hizo; las palabras que Don Bosco suavemente pronunció fueron: “Déjate querer“. Después de aquellas palabras y al tomar la dirección de la Congregación Salesiana, Don Miguel Rúa tuvo un cambio vertiginoso, a tal punto que muchos decían que era volver a ver a Don Bosco mismo, y que lo único diferente era la voz.

En algunas ocasiones las palabritas al oído eran el inicio de una conversación que muchas veces desembocaba en amistad: “¿Cómo estás? ¿Bien? ¿Y en las cosas del alma?“. A otros les decía: “Me tienes que echar una mano en algo muy importante. ¿Sabes en qué? En hacerte bueno“; “¿Cuándo vas a empezar a ser mi consuelo?“.

En otras circunstancias se acercaba a un muchacho que sabía que necesitaba confesarse, pero que no hallaba cómo hacerlo, y le decía: “¿Aceptas que seamos buenos amigos para hacer negocios del alma?“. Otras veces: “Oye, el paraíso no está hecho para los malos“. Cuando veía a alguno afligido o preocupado por algo, le decía: “¿Estás en medio de una tempestad? reza a la Virgen que ella es la estrella del mar“.

Si veía que un joven se fiaba mucho de sus fuerzas físicas o de sus buenas calificaciones, le decía: “No confíes en tus fuerzas; piensa en Dios, serás mejor y estarás más contento“; “El que persevera hasta el fin, se salva“. Y si alguno estaba triste le decía: “¡Ánimo! un pedacito de cielo lo arregla todo“.

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