11 de julio: San Benito Abad

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Santo del Día, Santoral DiarioSan Benito,
Abad

San Benito nació en Nursia (Italia), hacia el año 480. Hijo de una familia muy cristiana, fue educado en la fe de sus padres y llevado a la mejor escuela de su ciudad. Siendo joven de 17 años le enviaron a Roma para que sus estudios fuesen más consistentes. Más tarde, al escribir su Regla para los Monjes demostrará que era un hombre culto y bien formado.

Le gustó mucho su estancia en Roma, porque pudo rezar ante la tumba de los apóstoles, en las grandes basílicas edificadas en honor de los santos mártires. Rezaba y estudiaba y eso iba formando su carácter religioso.

En Roma se dio cuenta también de lo mal que vivía la juventud. Por eso eligió dedicarse completamente a Dios. Acompañado de su nodriza, que lo quería mucho y no lo dejaba, se marchó a Affile. Allí se puso a vivir junto a la iglesia de San Pedro. Pero no le gustó porque se le juntaba mucha gente para pedir consejo, ayuda o por curiosidad. Y optó por algo más duro, se hizo ermitaño en Subiaco, un lugar cercano pero en el que estaba solo. Otro ermitaño, le mandaba algo de comida de vez en cuando. En Subiaco Benito estuvo unos 25 años. Se le juntaron varios discípulos y él los iba poniendo en una especia de monasterios cercanos a su cueva. Asi se llegaron a formar hasta doce monasterios con doce monjes cada uno. Él era el abad de todos.

Como esa vida ya vio que tenia que se la suya para siempre, a petición de las poblaciones vecinas, se trasladó a vivir a Montecassino, donde quedaban las ruinas de un antiguo templo pagano. Destruyó el altar al dios Apolo, taló los bosques dedicados a los dioses y construyó un nuevo monasterio. Se reunió con sus monjes y les escribió la Regla para su vida y para casi todos los monjes de Occidente.

Su hermana Escolástica (10 de febrero) se quedó a vivir con una comunidad de monjas al mismo pie de Montecassino. Allí bajaba de vez en cuando Benito para visitarla, hablar con ella y rezar juntos. Un día, después de la visita, Benito, quiso volver a su monasterio, pero Escolástica insistía en que se quedaba. Como no lo conseguía, se puso a pedírselo a Dios. Una fuerte tormenta no permitió a Benito marcharse.

Al cabo de pocos días Benito observo una paloma que subía desde el valle hasta el cielo: era el alma de su hermana que acababa de morir. Mando que la enterraran en su mismo sepulcro, donde los monjes lo enterraron a él cuando murió, un mes más tarde.

Los monjes benedictinos extendieron la cultura y la religión por toda Europa, por eso el Papa Pablo VI declaró a San Benito Patrón de Europa.

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