Ejercicio del 24 de cada mes: Junio – La bendición de María Auxiliadora

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesianos, María Auxiliadora, Virgen Auxiliadora, Virgen de Don BoscoMotivación.

Es bien notorio el deseo y el respeto que, dentro de la religiosidad popular, nuestro pueblo siente por la bendición de Dios. No hay acto oficial, inauguración, acontecimiento civil y, sobre todo, religioso, en el que no se pida la bendición de Dios sobre personas, grupos, edificios, organizaciones… El uso frecuente del agua bendita responde a un sentido religioso, aunque, a veces, en algunos venga envuelto en un sentido mágico como respuesta a espectativas, miedos e, incluso, supersticiones. Pero lo que sí es cierto es que, en general, se busca una presencia de Dios y un contacto beneficioso, fruto y regalo de la bondad divina con nosotros.

Lectura Salesiana.

En la tradición mariana salesiana hay un ejercicio piadoso, que es como una preciosa herencia legada por Don Bosco, y que ha demostrado ser eficaz para obtener el auxilio de María: es la Bendición de María Auxiliadora. Don Bosco invocó y obtuvo la protección de la Virgen en incontables ocasiones para los necesitados que a él acudían.

Don Ricaldone, cuarto sucesor de Don Bosco, define la Bendición de María Auxiliadora como “en un pequeño monumento de piedad litúrgica y mariana”. Por medio de esta bendición Don Bosco arrancó´de la bondad de María innumerables gracias. La impartía siempre que podía con sentimientos de fe dificilmente imitables. “Jamás se borrará de mi memoria, escribe Don Albera, segundo sucesor de Don Bosco, la impresión que experimenté al ver a nuestro buen Padre dar la bendición de María Auxiliadora a los enfermos. Mientras recitaba el Ave María y las palabras de la bendición, su rostro se transfiguraba: sus ojos se llenaban de lágrimas y la voz le temblaba en los labios. Para mi aquello era indicio de que una fuerza salía de él; por eso no me maravillaba de los efectos milagrosos que producía”.

La Bendición es obra del mismo Don Bosco. Después de haberla utilizado durante muchos años, consiguió que fuera aprobada oficialmente por la Sagrada Congregación de Ritos en 1878. Tiene esta prerrogativa: con ella no se bendicen objetos, sino que se tributa, ante todo, un homenaje de alabanza a María; después se pide que no rechace las plegarias de quienes se ponen bajo su patrocinio en el acto de recibir su bendición, sino que los auxilie benignamente en sus necesidades y los libre de los peligros. Después se corrobora la bendición invocándola con el título de Auxilio de los Cristianos.

Esta bendición no sólo puede darla el sacerdote, puede dirigirla el papá o la mamá en la familia o quien anime un grupo de oración.

Dios nos habla (Lucas 24, 50-53)

En la Sagrada Escritura encontramos muchas narraciones y expresiones de bendición. Los patriarcas dejaban a sus hijos como apreciada herencia, la bendición de Dios. Su importancia y aprecio se refleja en el interés de los hermanos Jacob y Esaú por conseguir la bendición de su padre Isaac (Génesis 27). También Jesús bendecía con frecuencia, bendición que producía maravillosos efectos (Marcos 10, 13-36)

El último gesto de Jesús en la despedida de sus discípulos, al ascender al cielo, fue un gesto de bendición.

Jesús los llevó hasta cerca de Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos se postraron ante él. Después volvieron llenos de gozo a Jerusalén, y continuamente estaban en el Templo alabando a Dios.

Meditemos la Palabra.

Cuando se pide la bendición se hace con el deseo de recibir una protección particular de Dios. Y es eso lo que deseamos para las personas que queremos. Nuestros mejores sentimientos los expresamos como bendición de Dios: “Que Dios te bendiga”, decimos muchas veces. Es como un saludo “bendicional”.

Y cuando acudimos al poder intercesor de María experimentamos que la bendición de Dios nos pasa por el corazón maternal de la Virgen.

Experiencia de Don Bosco.

Para cuantos acudían a Don Bosco la bendición que él daba, ya sea en la forma general “Dios les bendiga”, “la Virgen les bendiga”, o en la forma concreta de la llamada “Bendición de María Auxiliadora”, se convertía en un rito de acogida y también de despedida.

Apenas tenía otro lenguaje más expresivo y propio: bendecía, bendecía incansablemente invocando el nombre de María Auxiliadora. Era el mejor regalo que podía hacer a todos los que, con fe y esperanza, se acercaban a él. Al realizar este gesto se sentía plenamente sacerdote.

Los efectos de esas bendiciones ya son historia admirable. Decía su secretario: “Son muchísimas las gracias que se obtienen cada día con la bendición de María Auxiliadora impartida por Don Bosco, y cada día vienen a contarnos sus benéficos efectos”.

Don Bosco se basaba en la propia vivencia. Por una parte había experimentado a la Virgen como Madre hacendosa. “La Virgen y yo vamos a medias”, decía algunas veces; por otra había visto las maravillas que, de hecho, estaba realizando en la Basílica que él mismo había construido en su honor con el nombre de Auxiliadora.

Para compartir.

Don Bosco llegó a decir: “La Virgen Auxiliadora nos quiere demasiado…” Nosotros en nuestro lenguaje popular decimos: “Se pasó…” Si para Don Bosco fue tan patente la protección de la Virgen, qu él tantas veces invocó con la Bendición de María Auxiliadora,

¿tenemos nosotros una experiencia mariana como para acudir a Ella con tanta confianza?

¿recibimos y damos esa Bendición?

¿tenemos experiencia de sus prodigiosos efectos?

Invoquemos el Auxilio de María.

Bendición de María Auxiliadora

Uno: Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Todos: que hizo el cielo y la tierra.
Todos: Se reza un Ave María.
Todos: Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desoigas las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, Virgen gloriosa y bendita.
Uno: María, Auxilio de los Cristianos,
Todos: ruega por nosotros.
Uno: Señor, escucha nuestra oración,
Todos: y llegue a Ti nuestro clamor.
Uno: El Señor esté con ustedes.
Todos: Y con tu espíritu.
Uno: Oremos: Dios todo poderoso y eterno, con la ayuda del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de María, la Virgen Madre, para ser digna morada de tu Hijo; al recordarla con alegría líbranos, por su intercesión, de los males presentes y de la muerte eterna, por Jesucristo Nuestro Señor.
Todos: Amén.
Uno: La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y permanezca siempre.

María Auxiliadora, ruega por nosotros. Amén.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: