21 de junio: San Luis Gonzaga

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano. Santo del Día, SantoralSan Luis Gonzaga,
religioso

El padre era don Ferrante de Gonzaga y la madre doña Marta Tana de Sántena, los dos de la alta nobleza. Tuvieron siete hijos, el mayor de los cuales fue Luis, que nació en Castiglione delle Stiviere (Italia) en 1568. Como era el primero de los hijos estaba destinado a ser el heredero de los bienes y las tierras de la familia, por eso el padre procuró educarlo en el arte del manejo de las armas y en las buenas relaciones de la alta sociedad.

Al principio todo iba bien, pero no duró mucho. Cuando el padre volvió, a los tres años, de una aventura guerrera, se encontró con que su hijo mayor despreciaba las armas y prefería estar a solas con Dios. El padre pensó que si Luis no era guerrero, podría ser buen gobernante.

Pero no era ser gobernante lo que quería Luis. Sabía que su madre deseaba tener un hijo religioso, esta idea se iba clavando en su alma y se decidió a ser él, ese hijo religioso. Se entregó más a la oración y, al recibir la visita en su casa del arzobispo de Milán, San Carlos Borromeo, le expuso su deseo. El santo le aconsejó que hiciera la Primera Comunión. Se preparó bien y el mismo arzobispo se la dio el 22 de julio de 1580. Ya estaba decidio.

Toda la familia hubo de trasladarse a Madrid, a la corte del rey Felipe II. Luis fue nombrado paje del príncipe heredero don Diego. Su horario en palacio no le dejaba tiempo para rezar. Tenía que hacerlo por las noches. Vestía pobremente e iba solo por las calles.

Toma consejo de un padre jesuita y decide ser como él. Entrará en la Compañía de Jesús. Al enterarse su padre pone el grito en el cielo y le niega el permiso tajantemente. Luis seguirá insistiendo una y otra vez, y el padre sigue con su negativa. Hasta que al fin el padre se ablanda y da el ansiado permiso.

Se despide de sus padres y el 20 de noviembre de 1585 entra en el noviciado de los jesuitas en Roma. Durante dos años llevó una vida santa de oración y penitencia, hizo sus primeros votos y comenzó una vida de estudio, pero al invadir a Roma una epidemia de peste tuvo que hacer de enfermero de los apestados, y lo hizo tan bien que se contagió de la terrible enfermedad. No murió de ella, pero le quedaron unas huellas que se convirtieron en tuberculosis que sí lo llevó a la muerte. Él quería estar en el cielo con Jesús y lo logró el 21 de junio de 1591. Tenía sólo 23 años.

Fue declarado santo por el Papa Benedicto XIII en 1726.

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