03 de junio: San Carlos Luanga

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesianos, Santo del Día, SantoralSan Carlos Luanga,
Mártir

No sólo ha habido en el cristianismo grupos de mártires en la antigüedad de la Iglesia, también en los tiempos modernos ha habido un grupo de cristianos que entregaron su vida a Dios valientemente. Un ejemplo muy claro lo tenemos en la fiesta que celebramos hoy, los mártires de Uganda. Vamos a verlo.

El rey Mutesa de Uganda autorizó en 1879 que llegasen los misioneros católicos a su reino. Los Padre Blancos, misioneros fundados por el cardenal Lavigerie, comenzaron inmeditamente su misión de cristianizar aquellos territorios y tuvieron un gran éxito. La doctrina de Jesús cayó muy bien a los ugandeses y acogieron la Palabra de Dios con entusiasmo, pero esta alegría duró sólo tres años. El Rey cambió de parecer y expulsó a los misioneros. Los cristianos, sin sacerdotes, siguieron con sus reuniones y catequesis, la fe no se perdía. Con el cambio de rey, po rmuerte de Mutesa, en 1884, trajo también un cambio de parecer, los misioneros podían volver a Uganda.

Tampoco duró mucho la tranquilidad, los paganos y musulmanes que estaba en la corte real hicieron lo posible para que se decretase la prohibición del cristianismo, con lo cual el rey se sentía inclinado a hacerlo, pero no se atrevía. Hasta que se dio cuenta de que muchos de sus pajes eran cristianos, y, a veces, no querían hacer lo que el rey les mandaba, cuando eran cosas que iban contra los mandamientos de la ley de Dios.

Sugirió entonces una persona que tendría mucha importancia en todo lo que siguió: fue el katikkiro, primer ministro que odiaba el cristianismo, y logró que el rey ordenase la persecución.

Cuando se enteraron los cristianos que eran pajes de la corte, formaron un grupo junto a San Carlos Luanga, que era el jefe de los pajes del rey. Carlos los animó mucho, bautizó a los catecúmenos y dio ánimos a todos.

Los soldados fueron por ellos y los detuvieron a todos. Los llevaron ante el juez quien los interrogó y procuró que renunciasen a su fe cristiana. No lo logró.

Se ordenó que fuesen ejecutados en Namugongo, ciudad muy lejana de Kampala, la capital. Por el camino, los que no podían seguir andando eran muertos a lanzadas. Al llegar al lugar del suplicio, envolvieron a los mártires en esteras y les prendieron fuego. Sus almas llegaron hasta Dios el 3 de junio de 1886.

Fueron canonizados por el Papa Pablo VI el 18 de octubre de 1964.

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