Novena Salesiana a María Auxiliadora: Día 09

NOVENO DÍA: <<…,bienaventurados los que han creído.>>

Bendita sea la Familia Salesiana que perpetúa la misión de Don Bosco para la salvación de los jóvenes, confiando totalmente en María Auxiliadora, ¡esto es Santidad!

DON BOSCO Y EL EPISODIO DE LA “SORPRESA DEL PREDICADOR”

Invitado por la noble casa De Maistre, el Santo había ido con Don Cagliero y Don Rúa, a predicar un triduo para la fiesta de la Asunción de María Santísima en Montemagno, donde, durante tres meses, un cielo de bronce había estado negando la lluvia al campo quemado. Y en vano habían hecho oraciones públicas y privadas para obtenerlo.

La primera noche que subió al púlpito hizo esta promesa: “Si vienen a los sermones en estos tres días, si se reconcilian con Dios. Por medio de una buena confesión, si todos se preparan para que el día de la fiesta que sea una Comunión general, yo les prometo, a nombre de la Virgen que una lluvia fuerte vendrá a refrescar sus campos.”

Descendió a la sacristía, la gente miraba a Don Bosco asombrados y conmovidos, y el párroco P. Clivio le dijo: “Pero bueno, pero bueno; ¡hace falta su coraje!”
“¿Qué corage?”
“El valor de anunciar al público que la lluvia caerá infaliblemente el día de la fiesta!
“¿Dije eso?”
“Por supuesto. Precisamente estas palabras: “En nombre de María Santísima, les
prometo, si todos hacen una buena confesión, ¡tendrán la lluvia!”.
“Pero no, debes haber entendido mal: no recuerdo haber dicho eso.”
“Pregunte a los oyentes uno por uno, y verán que todos han entendido lo que yo he entendido. De hecho, era verdad; y la gente estaba tan convencida de ello que se acercaron resueltamente para solucionar las propia conciencia. Las confesiones a los penitentes no fueron suficientes. Desde las primeras horas de la mañana hasta altas horas de la noche, los confesionarios fueron asediados, y Don Rua, y más Don Cagliero, aún recordaban después de tantos años el cansancio de aquellos días.

Durante el triduo, el cielo siguió siendo de fuego. Don Bosco seguía predicando, y en su camino hacia la iglesia la gente le preguntaba: “¿Y la lluvia? Y Don Bosco decía: “Quítense los pecados”. El día de la Asunción había una comunión tan grande, que no se veía desde hacía mucho tiempo; pero también esa mañana el cielo estaba muy sereno.

Don Bosco almorzó con el Marqués Fassati, y antes de que los invitados terminaran, se levantó y se retiró a su habitación. Estaba aprensivo porque sus palabras habían hecho demasiado ruido. Apoyado en la ventana, Don Bosco parecía cuestionar el cielo, que parecía inexorable. Hacía un calor sofocante. ¿Qué podemos decir desde el púlpito si la Virgen no hubiera hecho la gracia? El marqués le dijo: “Esta vez, señor Don Bosco, usted está fracasando. Prometió lluvia, pero no llueve en absoluto”! Entonces Don Bosco llamó al sacristán, y: Juan – le dijo – anda detrás del castillo del barón Garofoli, y observa cómo está el tiempo, y si hay algún indicio de lluvia.”

El sacristán va, vuelve y se refiere a Don Bosco: “Es tan claro como un espejo; solo una pequeña nube, casi como los pasos de un zapato, hacia Biella”. “Bueno, contestó Don Bosco, dame la estola. Algunos que estaban en la sacristía lo rodearon y le preguntaron: “¿Y si no llueve?” “Es una señal de que no nos lo merecemos -respondió Don Bosco-. Después del Magnificat, Don Bosco subió lentamente al púlpito, contando a la Virgen en su corazón: “No es mi honor, que está en peligro en este momento, sino el suyo. ¿Qué dirán los burladores de tu nombre si ven defraudadas las esperanzas de estos cristianos? que han hecho todo lo posible para complacerte?”

Una gran multitud, ocupando cada rincón de la iglesia, mantiene sus ojos en él. Se dijo el Ave María y parecía que la luz del sol se había oscurecido ligeramente. Comienza el cambio de clima y, después de unos pocos períodos, se oye el sonido del trueno, que se prolonga.

Un murmullo de alegría recorre la iglesia. El Santo se detiene un momento, y hay una lluvia continua que golpea las ventanas. La palabra que salía del corazón de Don Bosco mientras llovía a cántaros, fue un himno de acción de gracias a María y de consuelo y alabanza a sus devotos. Lloraba Don Bosco y con él, lloraban todos los fieles. Después de la bendición, la gente se detuvo a esperar bajo el atrio y en la iglesia, porque la lluvia seguía cayendo. Y nadie había traído el paraguas!

COMENTARIO

Como María

Hineni, que significa:“Aquí estoy”. Cuando Dios llama desde la zarza ardiente, Moisés responde:’Hineni’ / “Aquí estoy”. Cuando Dios llama a Abraham a sacrificar a Isaac, Abraham responde:’Hineni’/”Aquí estoy”. Cuando Isaías oye una voz que le dice: “¿A quién enviaré? Él responde: Aquí estoy, mándame a mí”. Cuando Dios llama a Adán al jardín, no dice “aquí estoy”, sino que se esconde en los arbustos.

El evangelista Lucas nos presenta a María como prototipo y ejemplo de fe. Se confió por completo a la voluntad de Dios: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí lo que me has dicho” (Lc 1,38). Se puso a su disposición sin reservas y confió en sus proyectos, sin imaginar lo que esto significaría para ella. Confiando en el anuncio del Ángel, se dirigió a través de las montañas de la incertidumbre, del miedo y del prejuicio, para visitar a su prima Isabel. En cuanto la vio, alabó su fe: ¡Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor! (Lc 1,45).

Como Don Bosco

La casa Bosco, en el Becchi, todo comenzó y terminó con el cubo, es decir, con “lo bueno”: es decir, en las oraciones de la mañana y de la tarde. Dios era parte de la familia. No estaba “allí arriba”, sino presente, como su madre. “Recuerda que Dios también ve tus pensamientos”. En las noches de verano, sentado en el fresco frente a la puerta de la casa, abrazado por el gran cielo estrellado, dijo mamá: “Es Dios quien creó el mundo y puso tantas estrellas allí arriba.

Era simple y absolutamente seguro. Margarita era analfabeta, pero tenía una memoria sólida, que heredó de Juan. Cuando se cuenta de memoria, la historia cobra vida. Uno revive con sentimientos, con imágenes, con tono. El libro es extraño. La memoria es parte del alma. Margaret enseñaba catecismo con el alma. Y lo miró fijamente en las almas de sus hijos. IL GIOVANE PROVVEDUTO comienza de esta manera: “Levanta los ojos al cielo”.

Dios está ahí. Suficiente. Así que lo extraordinario para Don Bosco es ordinario, porque esa es la verdadera fe, en la sencillez de la vida cotidiana, Don Bosco vivía en compañía de Dios. Don Bosco vive a Dios como el mejor amigo del ser humano: el “Amigo de la vida”. No es un extraño que, desde lejos, controla el mundo y presiona nuestras pobres vidas; Él es el Amigo que, desde dentro, comparte nuestra existencia y se convierte en la luz y la fuerza más clara.

ORACIÓN

Pequeña, pobre, valiente, indefensa, niña palestina, lo difícil que fue creer las palabras del Ángel, que ese niño es el Hijo de Dios, que será el Santo, Hijo del Altísimo y tu hijo, el último y más pequeño, escondido, “reposo” de Israel. Tienes suerte de creerlo. Creíste en Belén cuando te negaron refugio; en Egipto, un refugiado perseguido por el aliento del miedo, sosteniendo al Hijo del Todopoderoso, envuelto en unos cuantos trapos. ¡Tú, tan débil, el único escudo del Creador de las Galaxias! Qué suerte la tuya, que creyó.

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