Novena Salesiana a María Auxiliadora: Día 05

QUINTO DÍA: <<…acordándose de su misericordia.>>

Bendita sea la Familia Salesiana que tiene una experiencia viva de misericordia, abre los ojos y el corazón a la escucha, al perdón, convirtiéndose en casa que acogel, ¡esto es Santidad!

VENERABLE FRANCISCO CONVERTINI Y LA MISIÓN ENTRE LOS NIÑOS DE KRISHNAGAR

Se fue a la India como misionero. El obispo le confió la muy pobre parroquia de Bhoborpara, junto a los numerosos pueblos que la rodean. Caminaba descalzo, de esta manera cuidaba sus zapatos. Y con ese dinero, podía comprarle a la gente algo de comer. El P. Francisco es bueno, por eso todos lo quieren como amigo.

Las casas de los hindúes están severamente cerradas para los extraños. Pero los niños se aferran a su sotana y lo llevan a sus casas. Y habla a todos de Jesús, del amor de Dios tanto a los hindúes y musulmanes. Es venerado por todos como un gran “sadhu”, un monje que trae la paz a Dios. Ayuna durante días mientras camina, porque esa gente tiene muy poco que comer. Como saben que tiene “el agua de Jesús que los salva”, muchos ancianos que esperan la muerte, le piden con mil recursos, para no ofender la religión oficial de su familia. Y el P. Francisco termina bautizando a miles de personas, después de haberles hablado de Jesús.

La vida de todos estos años de su misión no tiene nada de sensacional. Se compone de diez mil gestos de bondad, que no ofrecerían a un periodista buscando sensacionalismo, ni siquiera lo esencial para un local de noticias. Las familias católicas han aceptado el protestantismo porque ellos ayudan materialmente. El P. Francesco no regaña a nadie, los invita a seguir rezando, a seguir siendo amigos. Duerme en cualquier cabaña, entre ratas, serpientes y escorpiones. Incluso estos animales lo respetan. Dicen que en los pantanos, al llevar el viático a un moribundo, se encontró con el tigre. Y también rezó para que los dejara pasar, porque ese hombre estaba muriendo. Y la bestia lo dejó pasar.

Cuando el viento del monzón destruyó puentes, chozas y caminos inundados, fue a recoger a la gente con la balsa y los llevó al techo de la iglesia, que es como una isla en un gran lago. Cuando la temporada es hermosa y el campo prospera, el P. Francisco hace la procesión de la Virgen entre los pueblos: una procesión de diez kilómetros, con un río de gente, cristianos, musulmanes, hindúes. Gritan y cantan a la hermosa Señora, la Madre de Jesús. Cuando vino a Italia por última vez en 1974, a pesar de su enfermedad y de las invitaciones para quedarse, insistió en regresar a la India: “Tengo que irme, mis hijos me están esperando, también necesitan mis huesos.”

COMENTARIO

Dar y perdonar, una pequeña fórmula para reproducir en nuestras vidas, un pequeño reflejo de la perfección de Dios, que da y perdona de manera sobreabundante. Hay quienes, sin equivocarse, han definido el oratorio de Don Bosco como “casa de misericordia”. Las obras de misericordia se practicaban allí día y noche.

En la memoria de los muros de la casa Pinardi está grabada la ardua labor de Mamá Margarita y la tenacidad con la que su hijo Juan, a pesar de las dificultades, alojaba a los peregrinos, instruía a los ignorantes, consolaba a los afligidos, saciaba el hambre y la sed de los que llamaban a su puerta. En la vida de sus jóvenes, en las horas más insospechadas, dejó entrar la fuerza misericordiosa del Amor que perdona y esa fuerte experiencia los transformó en apóstoles de la misericordia. La bondad de Don Bosco fue un recuerdo y una referencia viva a la misericordia del Padre que sólo quiere el bien de sus hijas y de sus hijos, no los abandona, siempre dispuesto a comprenderlos, a compadecerse, a perdonarlos. Amabilidad amorosa y confianza son los nombres salesianos de la misericordia que transforma a cada miembro de nuestra familia en una casa que acoge. Mirar y actuar con misericordia, esto es la santidad.

ORACIÓN

María Santísima Auxiliadora, madre de misericordia, ejemplo de caridad. Tú que has aceptado la petición de Dios con ferviente devoción, enséñanos a acoger a todos los necesitados y temerosamente llamando a nuestra puerta. Concédenos la gracia del perdón para hacer espacio en nuestros corazones y tener pequeños fragmentos de santidad.

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