10 de abril: San Ezequiel profeta

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Santo del Día, Santoral DiarioSan Ezequiel,
Profeta

Resulta que allá por el año 605 antes de Jesucristo, el rey de Mesopotamia Nabudonosor II derrotó al faraón de Egipto Necao y esa derrota puso en sus manos a toda Palestina. Al cabo de unos siete años, Jesuralén fue atacada y derrotada. Derribaron el templo y las murallas, deshicieron los palacios y las casas grandes y reunieron a todos los judíos importantes, con el rey, y se los llevaron desterrados a Babilonia.

En Babilonia sufrieron los judíos un destierro doloroso. Estaban muy lejos de su tierra, la añoraban mucho. No veían fin a su tristeza.

En este panorama tan doloroso se levantan la voz del profeta Ezequiel. Era un hombre que había vivido cerca del templo, era uno de sus servidores, por lo tanto llevaba impresa en el alma la gloria de Dios que se manifestaba en el templo de Jerusalén. Ahora estaba en el destierro, junto al pueblo de Dios, y el Espíritu le inspiraba lo que tenía que decir.

Primero acusa a su pueblo del olvido de Dios que tuvo en los últimos años antes del destierro. No daban el honor debido al Señor, no hacían sinceramente los sacrificios mandados, no obedecían los mandamientos, y la Ley no era ya lo que movía sus almas hasta Dios. Se merecían lo que les estaba pasando. Tenían que sufrir y echar de menos su tierra y el templo. Debían conservar las ganas de volver a su patria.

Si así lo hacían el Señor tendría compasión de su pueblo, porque el Señor está lleno de misericordia y quiere el bien para todos. Así Ezequiel quería mantener el buen espíritu en los israelitas. Era verdad que estaban sufriendo, pero ese sufrimiento les llevaría hasta su tierra donde Dios les preparaba una tierra nueva. Si eran buenos con Dios. Él sería aún mejor con ellos, porque <<el Señor nos se complace en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta de su conducta y viva>>. Esto está escrito así en el libro del profeta.

Así Ezequiel conservaba vivo el ánimo de los judíos y les hacía ver cercaba su liberación y vuelta a su tierra, a las orillas del río Jordán, a trabajar, llenos de alegría, en la reconstrucción del templo, a vivir otra vez, como en los tiempos más antiguos, bajo la mirada amorosa de Dios.

Es una lástima que no tengamos más noticias de la vida del profeta Ezequiel, pero vemos que fue un gran hombre que tomó sobre sí la enorme tarea de mantener viva la esperanza en el Dios que podía y quería salvar a su pueblo.

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