09 de abril: Santas María Cleofás y María Salomé

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Santo del Día, Santoral DiarioSantas María Cleofás y María Salomé

A lo mejor tú también has oído hablar alguna vez de <<las tres Marías>>. Es que son muy populares. Son las tres mujeres que, acompañando a la Virgen María en su dolor, estaban con ella al pie de la Cruz de Jesús. Pues bien, aquellas tres Marías eran: María Magdalena, María la de Cleofás y María Salomé.

María la de Cleofás era una buena mujer que quedó admirada de Jesús, por lo que decía y por lo que hacía. Era, pues, una más del grupo de los discípulos más cercanos a Jesús. Ella lo había seguido desde Galilea, la región donde está Nazaret, hasta Jerusalén. Lo escuchaba siempre, lo ayudaba en lo que hiciera falta y lo servía con su persona y con lo que tenía.

No es extraño que también estuviese en el Calvario cuando crucificaron a Jesús y que se mantuviese allí, dolorida por lo que veía y acompañase a la Madre de Jesús, la Virgen María. Junto con las otras Marías se queda hasta el final junto a la Cruz. Espera y es testigo del entierro del señor. Ve cómo lo dejan en el sepulcro y cómo tiene que cerrarlo aprisa porque es casi la fiesta de la Pascua y no pueden enterrar a Jesús tan bien como quisieran. Por eso es también una de las que vuelven al tercer día al sepulcro para terminar de arreglar el cuerpo del Señor, tenían que ponerle perfumes y vendarlo bien.

Ante el sepulcro se lleva la sorpresa de ver que estaba abierto y, al entrar, llena de miedo, se encontró con que un mensajero del cielo le daba la gran noticia: el Crucificado no estaba allí, había resucitado. Los esperaba a todos en Galilea.

María Salomé es otra de aquellas buenas mujeres que seguían a Jesús como buenas discípulas y que lo servían. Al parecer era la madre de los Xebedeos y ella fue la que un día pidió a Jesús que sus hijos, Santiago y Juan, los apóstoles, estuvieran en el cielo sentados a los lados del mismo Jesús. Esto no les gustó nada a los demás apóstoles, pero Jesús que conocía el amor de una madre, no contestó lo que quería oír. Le dijo que aquella petición dependía del Padre Dios y no de Él.

También Salomé estuvo al pie de la Cruz, contemplando dolorida el martirio del Maestro. Aquel sufrimiento era el cáliz que Él había dicho que beberían también sus hijos. Al morir Jesús, también lo acompañó al sepulcro y volvió al tercer día para ser testigo de la Resurrección de Jesús.

Las tres Marías son un modelo para el que quiera seguir al Señor hasta el final.

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