Domingo Savio se consagra a la Virgen María.

Era 8 de diciembre de 1854, cuando todo el mundo celebraba el dogma de la Inmaculada Concepción, Domingo se había unido a la celebración escribiendo nueve florecillas, o bien, nueve actos de virtud, con el propósito de práctica uno cada día, sacado a suerte.

Por la tarde acudió a la Confesión y participó de la Santa Misa, comulgando con el mayor recogimiento. Al finalizar la Eucaristía, Domingo se acercó al altar de la Virgen María, renovó las promesas que había hecho en su Primera Comunión, y repitió después muchas veces estas palabras: «María os doy mi corazón; haced que sea siempre vuestro. Jesús y María, sed siempre mis amigos; pero, por vuestro amor, haced que muera mil veces antes que tenga la desgracia de cometer un solo pecado».

De esta manera, se consagró a la Virgen Santísimo y la tomó como sostén de su piedad y fortaleza en su lucha por alcanzar la santidad.

Texto: Parrroquia El Espíritu Santo / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo
info@espiritusantogt.com

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