Ejercicio del 24 de cada mes: Octubre – Yo te daré una maestra. Vivir la devoción mariana en actitud de discípulos.

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, María Auxiliadora, Virgen Auxiliadora, Virgen de Don BoscoMotivación.

Muchas veces queremos conseguir algo bien acabado y no sabemos como hacerlo. Queremos encaminarnos bien y no lo conseguimos por desconocer el camino y la orientación para la meta que pretendemos. Cuanto agradecemos una indicación acertada, una palabra orientadora, alguien que se nos acerque para sernos de guía. A Don Bosco, desde niño, en un sueño misterioso, se le regala una orientadora, un guía, una Maestra. No irá en la vida a la deriva porque Ella le acompañará en forma permanente. Tanto que al final de sus años Don Bosco se sentirá obligado a reconocer que todo se lo debía a su Maestra. “Ella lo ha hecho todo”.

Lectura Salesiana.

A semejanza de Don Bosco, tenemos que vivir la devoción a María en la actitud de un discipulo respecto de su Maestra.

Las palabras del sueño de los nueve años “Yo te daré la Maestra…” se grabaron profunda y definitivamente en el corazón del pequeño Juan Bosco, acompañándole inseparablemente durante toda la vida.

Y, efectivamente, María fue su Maestra en una doble dirección en su propio caminar hacia Cristo y en su prodigiosa vocación educativa.

La vivísima devoción de Don Boscoa María jamás le hizo perder de vista lo que podríamos llamar “naturaleza funcional” de esta devoción; es decir, jamás le hizo olvidar que la meta y el fin de la vida cristiana no es María sino Jesucristo.

De hecho, todo su apostolado mariano, expresión de su propia vivencia espiritual, está claramente funcionalizado hacia la persona de Cristo. Es hacia Él a donde es preciso encaminarse. Es en el encuentro con Él donde culmina plenamente toda la acción educativo-pastoral de Don Bosco.

Por otra parte, la inequívoca vocación educativa de Don Bosco, manifestada desde los primeros años de su vida, estuvo fuertemente influenciada por la presencia y la acción de esta Maestra que le fue dada por el mismo Cristo: “Yo te dará una Maestra bajo cuya disciplina podrás llegar a ser sabio, y sin la cual toda sabiduría se convierte en necedad”.

Efectivamente, en el pensamiento de Don Bosco, María es inspiradora de toda acción educativa cristianamente entendida. De ahí que el Sistema Preventivo en su triple dimensión de “síntesis de la espiritualidad salesiana”, de “praxis pastoral” y de “método educativo”, tiene una inequívoca y decisiva raíz mariana.

Es María la que, con dulzura y bondad de corazón, nos enseña el camino infalible de acceso al corazón del hombre, sobre todo del joven, para poderle ofrecer lo que nosotros juzgamos el tesoro de los tesoros: la salvación de todos los hombres y de todo el hombre, realizada por Dios en Cristo.

Es María la que, desde su propia experiencia de Madre, enseña al educador atento, a hacer descansar toda su acción educativa en la Razón, en la Religisón y en el Amor.

Dios nos habla (Juan 2, 1-12)

Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino».

Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía». Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga». Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas». Y las llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete». Así lo hicieron.

El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su o rigen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y les dijo: «Siempre se sirve primero el bu en vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento».

Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él. Después de esto, descendió a Cafarnaúm con su madre, sus hermanos y sus discípulos, y permanecieron allí unos pocos días.

Iluminación de la Palabra.

Curiosa la escena de las boda de Caná de Galilea. Jesús acude con sus discípulos, quienes aún ignoran muchas cosas porque inician sus primeros pasos en el seguimiento de Jesús. Ni se les ocurre a ellos pedir una especial intervención. Pero María, su Madre, si sabe que hacer, aunque Jesús no piense iniciar su hora todavía. “Hagan lo que Él les diga”. Frase decisiva en labios de María. Sabe qué hacer y como conseguirlo. Ella, atenta ante la necesidad de aquella pareja, se hace orientadora en una situación difícil y molesta para los novios de Caná de Galilea.

Experiencia de Don Bosco.

Don Bosco solía decir en no pocas dificultades: “Es ya hora de que María Auxiliadora comience a dar soluciones…”

“No he dado un sólo paso en mi vida sin una especial intervención de María Auxiliadora”.

Para compartir.

Todos nosotros, en distintas circunstancias y ambientes, tenemos responsabilidades y tareas que, a veces, nos traen preocupaciones, desconciertos y problemas. Cuanto se agradece el gesto de alguien, que en momentos de dificultad, nos echa una mano, nos brinda su apoyo, nos da una acertada orientación.

¿Vemos a María atenta a nuestro diario vivir, dispuesta a orientarnos y solucionarnos nuestras situaciones?¿La sentimos, de veras, Maestra de vida, orientadora, apoyo seguro?

Invoquemos el Auxilio de María.

En las bodas de Caná, tú estabas con los invitados, con los sentidos clavados, en lo que ocurriendo está.

Y cuando el gozo ha prendido y en los corazones salta, nadie advierte que les falta lo que tú sí has advertido.

Y para que el regocijo no se ausente ese día, tu corazón lo confía maternalmente a tu Hijo.

Y asú, con esa manera de estar, tu actitud previno que no les faltara vino y la alegría cundiera.

Haz, Madre, que desde ahora llevemos en nuestra mente grabada profundamente tu imagen Auxiliadora. Amén.

María, Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros. Amén.

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