Inician los muchos traslados del Oratorio

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Don Bosco, San Juan BoscoCiudad de Guatemala, Guatemala
Texto: Parroquia Espíritu Santo
Fotos: Parroquia Espíritu Santo

Luego de haber recibido la sotana, no pasó mucho tiempo para que Don Bosco comprendiera que su misión era salvar a los jóvenes. Habían pasado algunos años en los que Don Bosco comenzó a reunir a los jóvenes pobres para darles un lugar donde jugar, aprender catecismo y rezar juntos. Todo había iniciado un 8 de diciembre con Bartolomé Garelli pero, conforme avanzaban los domingos, aumentaba el número de jóvenes que acudía a escuchar a Don Bosco.

Cada semana, Don Bosco y sus muchachos se reunían en el Convitto hasta que, eran tantos lo jóvenes que llegaba, que se vio en la necesidad de buscar un lugar más apropiado para recibirlos.

Fue el 13 de octubre de 1844 cuando Don Bosco anuncia a sus muchachos el que sería el primer traslado de muchos del Oratorio, desde el Convitto hasta el Hospitalillo de Santa Filomena, lugar que la Marquesa le habría otorgado a cambio de que atendiera a las jóvenes en riesgo que ella intentaba salvar de las calles.Habían pasado siete meses desde su llegada cuando la Marquesa le pidió a Don Bosco que abandonara el lugar.

Don Bosco comenzó a llevar a sus muchachos a la Iglesia de San Pedro,en Cadenas; el sacristán los recibió bien al inicio pero, no había pasado mucho tiempo cuando le pidió a Don Bosco que no volviera más a la iglesia con sus muchachos.

El Oratorio regresó nuevamente al Hospitalillo pero, la Marquesa recordó a Don Bosco que el mismo se inauguraría pronto por lo que sus muchachos ya no podrían llegar. Después de pedir apoyo apoyo al Arzobispo de Turín, Don Bosco fue autorizado para llevar el Oratorio a la Iglesia de los Molinos únicamente los domingo entre las doce y las tres de la tarde.

Los chicos comenzaban a desalentarse con tanto desalojo, pero el buen Don Borel sacó un sermón formidable que a todos les devolvió el buen humor: el sermón de las coles (repollos). Don Bosco lo cuenta así: “Las coles, queridos chicos, para crecer con una cabeza bella y gruesa, deben ser trasplantadas. La misma cosa debemos decir de nuestro Oratorio. Ha sido trasplantado de un sitio a otro, pero con cada trasplante ha crecido”.

Desafortunadamente, los vecinos de la iglesia se quejaron por el ruido que los chicos causaban así que Don Bosco fue desalojado del lugar. Durante los siguientes domingos se encargó de llevarlos de excursión a distintos lugares: Superga, a la Virgen del Pilar o al Monte de los Capuchinos. Para el mes de noviembre, era tanto el frío que se vio en la necesidad de alquilar tres cuartitos en la casa de Don Moretta. Una vez más, el ruido ocasionó que el Oratorio tuviera que buscar otro sitio donde reunirse.

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Don Bosco, San Juan BoscoDon Bosco consiguió que le alquilaran un pequeño prado propiedad de los hermanos Filippi; el Oratorio no contaba con techo pero, para fortuna de todos, era primavera así que el mismo no era necesario. Poco duró la tranquilidad para Don Bosco. Un día que iba de regreso a casa encontró la carta de desalojo del prado. El último día en el prado, Don Bosco se apartó de todos y comenzó a llorar en silencio. En ese momento un tal Pancracio Soave, tartamudeando le dijo: “¿Es cierto que usted busca un sitio donde armar un laboratorio?”.

Don Bosco casi no lo creía. Se trataba de un pequeño cobertizo junto a la casa del Sr. Pinardi, aunque era demasiado bajo para sus exigencias. El buen hombre se encargó de modificarlo según las necesidades del Oratorio y de ceder en alquiler el prado de al lado. Don Bosco no cabía en sí por la felicidad. Fue corriendo donde sus muchachos, los reunió y, con todo el entusiasmo de que era capaz, les anunció: “¡Una buena noticia, chicos! ¡Hemos encontrado el Oratorio del cual nadie ya nos echará! Tendremos iglesia, clases, patio para jugar. El domingo próximo vamos allá”.

Los muchachos parecían haberse vuelto locos: corrían, saltaban y nadie lograba ya pararlos. Comenzaron a rezar el rosario para agradecer a la Virgen. Ella había guiado y sostenido a Don Bosco en esos años de sufrimientos y de vida errante; ahora, finalmente, le había encontrado casa. El día de Pascua de 1844 se estableció en Valdocco, un barrio alejado de la ciudad, donde se pudo estabilizar, desarrollar y extender la “Obra de los Oratorios”.

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