1868: Las fieras del prado

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Don Bosco, San Juan Bosco, Sueño de Don BoscoY la carta en la cual se relata el sueño anterior, escrita por Don Juan B. Lemoyne, a la sazón Director del Colegio de Lanzo, desde Turín, continúa:
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Y a Don Bosco le pareció encontrarse en un gran prado donde estaban todos vosotros, entretenidos en jugar y saltar; pero ¡horrible espectáculo! Leones de ojos encendidos como brasas; tigres que afilaban sus garras en el suelo; lobos que rondaban taimados alrededor de los grupos de los jóvenes; osos de aspecto repugnante que, sentados sobre las extremidades traseras abrían las patas delanteras para abrazarlos; en suma, animales de todas las especies recorrían en todas direcciones aquel prado. ¡Qué terrible compañía la suya! Más aún. ¡Qué inicuo proceder el de aquellos animales! Aquellas alimañas se arrojaban sobre vosotros furiosamente. Muchos de vosotros estaban tendidos en el suelo teniendo encima a aquellos monstruos que con las uñas los arañaban y les destrozaban las carnes a mordiscos causándoos la muerte. Muchos corrían desesperadamente perseguidos por tales alimañas, acudiendo a Don Bosco en demanda de auxilio.

Ante él las bestias feroces retrocedían. No faltaban quienes pretendían valerse por sí solos, pero no lo conseguían, pues la fuerza de los animales era enorme, despedazando entre sus garras a sus víctimas. Otros, miren qué insensatos, en vez de huir se detenían a contemplar a aquellos monstruos y les sonreían, y hasta pretendían jugar con ellos, como si les importase poco ser destrozados por los osos. El pobre Don Bosco corría de un lado para otro, se esforzaba en llamar a unos y a otros para que se acercasen a él, gritaba hasta enronquecer. Pero en vano; mientras algunos le obedecían, otros no le hacían caso. El prado estaba sembrado de cadáveres de los pobres jóvenes víctimas de aquellos animales y de cuerpos heridos.

Los gemidos de éstos, los rugidos y los gritos de los animales feroces, las voces que daba Don Bosco, se mezclaban de una manera extraña. Y en medio de aquella tremenda barahúnda, Don Bosco se despertó por segunda vez.
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Este fue el sueño de Don Bosco y vosotros sabéis qué clase de sueños son los suyos. Vosotros se podréis imaginar la angustia de mi corazón al escuchar semejante relato. Si antes sentía grandemente separarme de vosotros, al escuchar este sueño, habría vuelto al instante sobre mis pasos, si la obediencia no me lo hubiera impedido. ¡Si no los quisiera tanto estaría más tranquilo!

¿Qué representan estos leones, tigres y osos? Son las diversas tentaciones del demonio. Algunos las vencen porque recurren al guía; otros terminan por ser víctimas de ellas, porque condescienden con las malignas sugestiones de Satanás; otros aman al demonio y al pecado y se ofrecen insensatamente como blanco de sus asaltos. ¡Hijos míos! ¿Obrarán como valientes? ¿Recordarán siempre que tienen un alma qué salvar?

Don Bosco me dijo también:
—Yo vi a todos esos jóvenes: he conocido a ciertos zorros. Pero conservaré el secreto para mi y a nadie lo manifestaré. La primera ocasión en que vuelva a Lanzo diré a cada uno lo que le interesa. Esta vez el dolor de muelas no me ha permitido hablar a todos: otra vez que vuelva amonestaré a los que deben ser amonestados.

Por tanto, mis queridos hijos, yo nada sé porque Don Bosco nada me ha dicho; pero si ahora no sé nada, llegará un día en que lo sabré. Este será el día del juicio. Será muy doloroso para mí después de haber trabajado tanto, después de haber consumido mi juventud en medio de Vosotros, después de haberlos amado con todo mi corazón, tener que vivir, tal vez, separado de alguno de Vosotros por toda la eternidad. Si ahora no comienzan a amar al Señor, ciertamente que cuando sean mayores no le amarán: Adolescens iuxta viam suam, etiam cum senuerit, non recedet ab ea.

Hijitos míos, no despreciéis mis palabras, que son las del querido Don Bosco. Empleen los pocos días que dura la vida en ganarse el Paraíso.

Recen para que mis ejercicios proceden bien y para que las pláticas reporten mucho fruto a las almas.

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