Con un escapulario, Domingo obtiene la curación de su mamá

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Santo Domingo Savio, Domingo SavioCiudad de Guatemala, Guatemala
Texto: Parroquia Espíritu Santo
Fotos: Parroquia Espíritu Santo

Un día, ante la sorpresa de todos, Domingo pide permiso a Don Bosco para ir a ver a su madre, que se encontraba muy enferma. En efecto, no se sabe cómo lo supo, pero era cierto: la madre estaba próxima a dar a luz y el parto se presentaba sumamente peligroso. Domingo, guiado como por una fuerza invencible, corre al lado de la enferma. La madre sorprendida exclama: “¡Domingo, mi Domingo!”.

Domingo la estrecha, la abraza.

Ahora sal afuera, hijo mío. Apenas esté bien, te llamo.
-Sí mamá.

La madre baja los ojos y toca con la mano algo así como un escapulario que Domingo le ha dejado sobre el pecho. Levanta los ojos hacia el cuadro de María que cuelga en la pared y un suspiro profundo brota de su pecho.

-Me siento mejor, -exclama entre lágrimas-.

El médico llega y cuando agarra la mano de la enferma se vuelve hacia Carlos, el marido y le dice: “Todo ha pasado. Está fuera de peligro. Aquí ha sucedido algo maravilloso”.

-Sí, doctor, algo maravilloso… ¡Esto!, y agarra el escapulario que le había dejado Domingo. Domingo regresó después al oratorio y se presentó a Don Bosco para agradecerle el permiso y para decirle que su madre estaba perfectamente bien. Fueron muchas las gracias conseguidas con aquel milagroso escapulario.

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